¿Existen diferencias sexuales en la influencia de los síntomas de insomnio y la duración del sueño sobre la trayectoria del declive de la fuerza neuromuscular?

¿Existen diferencias sexuales en la influencia de los síntomas de insomnio y la duración del sueño sobre la trayectoria del declive de la fuerza neuromuscular?

Un nuevo análisis longitudinal de más de 6.400 adultos mayores revela que el mal sueño no debilita los músculos por igual en hombres y mujeres: el insomnio acelera la pérdida de fuerza en los hombres, mientras que dormir demasiado hace lo mismo en las mujeres.

Introducción

Se sabe que los problemas de sueño perjudican la función física durante el envejecimiento, pero no estaba claro si esos daños afectan de manera diferente a hombres y mujeres. Un estudio publicado el 2 de julio en Age and Ageing aporta ahora una de las pruebas más claras hasta la fecha de que la relación entre el sueño y la fuerza muscular es específica del sexo.

Los investigadores analizaron 8 años de datos del English Longitudinal Study of Ageing (ELSA), midiendo la fuerza de agarre, un indicador estándar de la fuerza neuromuscular, en 6.429 adultos de 50 años o más. Descubrieron que los hombres que reportaban más síntomas de insomnio perdían fuerza de agarre significativamente más rápido que aquellos que dormían bien, mientras que las mujeres que dormían 9 horas o más por noche experimentaban un declive acelerado. Estos patrones no se cruzaban: el insomnio no afectaba significativamente la trayectoria de fuerza de las mujeres, y el sueño prolongado no afectaba significativamente la de los hombres.

Lo que encontraron

El estudio, dirigido por Leticia Coelho Silveira de la Universidad Federal de São Carlos en Brasil, estratificó todos los análisis por sexo y ajustó por un amplio conjunto de factores sociodemográficos, conductuales, clínicos y antropométricos.

Hombres: el insomnio acelera el declive

En los hombres, cada síntoma adicional de insomnio se asoció con una pérdida adicional de 0,02 kg por año en la fuerza de agarre (IC 95 %: -0,04 a -0,01). Si bien esta cifra puede parecer modesta de forma aislada, representa una aceleración significativa cuando se proyecta a lo largo de una década o más de envejecimiento. El efecto fue independiente de la duración del sueño, la composición corporal, las enfermedades crónicas y factores del estilo de vida como la actividad física y el tabaquismo.

Mujeres: el sueño prolongado, no el insomnio, es el factor de riesgo

En las mujeres, el panorama era diferente. Los síntomas de insomnio no mostraron ninguna asociación estadísticamente significativa con el declive de la fuerza. En cambio, las mujeres que dormían 9 horas o más por noche perdían fuerza de agarre a un ritmo 0,14 kg por año más rápido que aquellas que dormían entre 6 y 9 horas (IC 95 %: -0,26 a -0,03). El sueño corto (6 horas o menos) no mostró un efecto significativo en ningún sexo.

Los investigadores evaluaron el insomnio mediante una versión adaptada del Jenkins Sleep Problems Questionnaire y clasificaron la duración del sueño en tres grupos: corto (6 horas o menos), ideal (más de 6 a menos de 9) y largo (9 horas o más). La fuerza de agarre se midió con un dinamómetro de mano en múltiples rondas durante el seguimiento de 8 años, y se requirió que los participantes tuvieran una fuerza basal de al menos 27 kg (hombres) o 16 kg (mujeres) para garantizar que un efecto suelo no influyera en los resultados.

Por qué es importante

La pérdida de fuerza muscular relacionada con la edad es un factor importante de fragilidad, caídas, pérdida de independencia y mortalidad en adultos mayores. Identificar factores de riesgo modificables que puedan abordarse de manera diferente según el sexo podría conducir a estrategias de prevención más personalizadas.

Los hallazgos sugieren que las guías de detección e intervención para el declive físico relacionado con el sueño pueden necesitar tener en cuenta el sexo. En la práctica clínica, un hombre que reporta un empeoramiento del insomnio puede requerir un monitoreo más estrecho de la función física, mientras que una mujer que duerme habitualmente 9 horas o más, particularmente si esto representa un cambio con respecto a su patrón habitual, puede tener un riesgo elevado de pérdida de fuerza acelerada, incluso si no reporta síntomas de insomnio.

El estudio también se suma a un creciente cuerpo de evidencia de que la salud del sueño no es un concepto único para todos. La duración, la calidad y el sexo interactúan de maneras que las simples guías sobre «dormir 8 horas» no logran capturar.

Limitaciones

El diseño observacional implica que no se puede establecer una causalidad firme. Es posible que exista confusión residual a pesar de un ajuste exhaustivo. La duración del sueño fue autoinformada en lugar de medida objetivamente mediante actigrafía o polisomnografía, lo que puede introducir errores de clasificación, particularmente en los extremos. La cohorte ELSA es predominantemente blanca y británica, por lo que la generalizabilidad a otras poblaciones es incierta. La fuerza de agarre, si bien es un indicador validado de la fuerza neuromuscular general, no captura la función de las extremidades inferiores, que también es fundamental para la movilidad y el riesgo de caídas.

Conclusión

Los problemas de sueño afectan el envejecimiento neuromuscular de manera diferente en hombres y mujeres. En los hombres, el factor clave son los síntomas de insomnio; en las mujeres, es la duración prolongada del sueño. Los médicos e investigadores deben considerar el sexo al evaluar el sueño como factor de riesgo de declive de la fuerza en adultos mayores.

Fuente

Silveira LC, de Maio Nascimento M, de Campos Fonseca Goncalves CG, et al. Are there sex differences in the influence of insomnia symptoms and sleep duration on the trajectory of neuromuscular strength decline? Age and Ageing. 2026;55(7):afag201. doi:10.1093/ageing/afag201. PMID: 42407094.

Traducido por Alessandra

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