
Alemania no tiene por qué avergonzarse de su esfuerzo en defensa, declaró el canciller Friedrich Merz a los periodistas en Berlín el viernes, después de que Donald Trump calificara los niveles de gasto de la OTAN de «ridículos» y sugiriera que Estados Unidos podría dejar de asumir una parte desproporcionada de la carga de la Alianza. Este intercambio, que se produce mientras los líderes de la OTAN se preparan para reunirse en Ankara la próxima semana, es la última señal de que la Alianza transatlántica está siendo puesta a prueba no por un enemigo externo, sino por su propio miembro más grande.
Merz afirmó que Alemania está duplicando su presupuesto de defensa en cuatro años, la mayor inversión individual en capacidad militar que el país haya realizado jamás. «No tenemos nada de lo que avergonzarnos», dijo, respondiendo a la afirmación de Trump de que Alemania y otros aliados europeos no están poniendo de su parte.
Trump no se contuvo. En Truth Social, publicó un gráfico que compara el gasto en defensa de los miembros de la OTAN como porcentaje del PIB y escribió: «Es ridículo que EE.UU. continúe por este camino unilateral cuando la relación no es recíproca. ¡¡¡No estuvieron ahí para nosotros!!!» En una publicación anterior, señaló directamente a Alemania, diciendo que su contribución era «MUCHO MENOR» que la estadounidense y calificó la situación de «¡Ridícula!»
La disputa pública no es solo cuestión de números. Se produce en un momento en que Estados Unidos está reduciendo activamente su presencia militar en Europa y los aliados europeos se afanan por llenar los vacíos.
El Comandante Supremo Aliado en Europa de la OTAN confirmó esta semana que los miembros europeos han «llenado en gran medida» los vacíos dejados por Estados Unidos en los planes de defensa de la Alianza. Las fuerzas estadounidenses están reduciendo su disponibilidad para las misiones de la OTAN, y la Alianza busca soluciones alternativas para añadir capacidades que Washington ya no ofrece: desde aviones de combate y aviones cisterna hasta el intercambio de inteligencia y la defensa antimisiles.
Los aliados europeos llevan meses negociando cómo reemplazar estas capacidades. Estados Unidos quiere que Europa asuma la mayoría de la defensa convencional de la OTAN para 2027, según informes. Pero el plazo es ajustado y la brecha entre lo que Europa puede desplegar ahora y lo que necesita sigue siendo amplia.
La defensa de Merz del historial de Alemania refleja una frustración más amplia entre los líderes europeos que sienten que están haciendo más de lo que se les reconoce. La duplicación del presupuesto de defensa alemán se produce después de años de baja inversión. El país también se ha comprometido a albergar una brigada permanente y ha liderado el grupo de combate del flanco oriental de la OTAN en Lituania. Pero la exigencia de Trump, según informes, de que todos los miembros de la OTAN gasten el 5 por ciento del PIB en defensa, es una que prácticamente ningún aliado cumple, incluido el propio Estados Unidos.
Detrás de las discusiones públicas se encuentra un cambio estructural en el funcionamiento de la OTAN. Durante décadas, la Alianza se construyó sobre la premisa de que Estados Unidos proporcionaría la mayor parte de las capacidades de alta tecnología: poder aéreo, inteligencia, vigilancia, reabastecimiento aéreo y mando y control. Los aliados europeos se centraron en las tropas terrestres y la defensa territorial. Esa división del trabajo se está desmoronando.
La cumbre de Ankara, programada para la próxima semana, estaba destinada a mostrar la unidad de la OTAN frente a la agresión rusa y la inestabilidad en Oriente Medio. En cambio, podría convertirse en un escenario para las tensiones internas de la Alianza. Trump no ha dicho si planea asistir en persona.
Los funcionarios europeos han tenido cuidado de no intensificar la retórica. Saben que todavía dependen de Estados Unidos para la disuasión nuclear y la tecnología de punta. Pero el patrón repetido de Trump de reprender públicamente a los aliados, exigir que hagan más y luego reducir las contribuciones estadounidenses está desgastando incluso a los gobiernos más pacientes de Europa.
Un alto diplomático europeo lo expresó sin rodeos: «Estamos llenando los vacíos porque tenemos que hacerlo, no porque queramos. Pero cada vez que llenamos uno, Trump abre otro.»
La cuestión para Ankara es si la Alianza puede proyectar confianza mientras su miembro más poderoso cuestiona abiertamente su valor. La OTAN ha sobrevivido a crisis antes. Lo que es diferente esta vez es que la crisis no se trata de una amenaza externa, sino de si el miembro más grande cree todavía que la Alianza sirve a sus intereses.
Traducido por Alessandra

