Francia da un paso al frente mientras Manila vuelve a sopesar la vía nuclear

En su encuentro de despedida con la prensa filipina, la embajadora saliente de Francia, Marie Fontanel, hizo una oferta que versaba sobre energía y, según su propio planteamiento, sobre soberanía. Dijo que París está dispuesta a compartir su experiencia nuclear con Manila y vinculó la oferta a una ambición más amplia: profundizar la cooperación en materia de defensa entre los dos países.

La seguridad energética, dijo en el encuentro celebrado en su residencia de Makati, es una cuestión de soberanía, al igual que la defensa y la seguridad, y Francia desea de verdad ayudar a Filipinas a ser más autosuficiente. El mecanismo ya está esbozado. Las conversaciones sobre cooperación nuclear se mantienen desde que Fontanel asumió su cargo en 2023 y ambas partes han dado pasos hacia una posible subvención del Gobierno francés. La eléctrica estatal francesa EDF, que opera la flota de reactores del país, está dispuesta a compartir experiencia técnica, realizar evaluaciones y ofrecer orientación si Manila lo solicita. Francia genera alrededor de dos tercios de su electricidad a partir de la energía nuclear, lo que le otorga décadas de experiencia operativa, regulatoria y de gestión de residuos de las que echar mano.

La oferta no se improvisó en una fiesta de despedida. A comienzos del mandato de Fontanel, Francia participó en un foro del Departamento de Energía con una delegación de empresas y agencias francesas especializadas en tecnología nuclear, una señal de un interés que ahora ha recibido un marco político.

El momento importa. Días antes de que Fontanel hablara, el presidente Ferdinand Marcos Jr. dijo ante el Congreso en su discurso sobre el estado de la nación que quizá había llegado el momento de replantearse la producción de energía nuclear. Fontanel acogió con satisfacción el renovado rumbo, aunque advirtió de que un programa nuclear tarda años en construirse y no puede dejarse para mañana; tiene que empezar en algún lugar. La oferta llega a un país que ya ha pasado por esto: Filipinas construyó su única central nuclear en Bataan en la década de 1970 y nunca la puso en marcha, un monumento a las preocupaciones por la seguridad y a la corrupción que aún condiciona el debate.

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Los cimientos comerciales ya se están poniendo. La distribuidora eléctrica Meralco ha firmado un acuerdo de cooperación estratégica con EDF para explorar el despliegue nuclear, una iniciativa orientada a la seguridad energética a largo plazo. La presencia de Francia en el sector energético filipino no se limita a los átomos: TotalEnergies opera un proyecto solar en Isabela, e Hydrogène de France participa en iniciativas de generación eléctrica basadas en hidrógeno.

La dimensión de defensa es la parte que Fontanel no necesitó explicitar. Francia viene buscando profundizar la cooperación en materia de defensa con Filipinas, y la oferta nuclear se presenta en el mismo paquete. Para París, Filipinas es un socio del Pacífico en un momento en que Francia reivindica un papel en el orden de seguridad de la región. Para Manila, la oferta añade otra opción, y otro patrocinador, a una política energética que la guerra en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz han vuelto a hacer urgente: con los precios de los combustibles al alza por el conflicto, la diversificación ha escalado posiciones en la agenda.

Las advertencias son reales. Los analistas señalan que un nuevo impulso nuclear aún tendría que sortear obstáculos de seguridad y gobernanza, y el precedente de Bataan planea sobre cada propuesta. La propia Fontanel reconoció las diferencias de geografía e historia entre los dos países, aunque sostuvo que la experiencia de Francia podría seguir orientando la decisión de Manila. La oferta es genuina, el calendario es largo y la decisión no es para mañana; en algún momento, añadió, el país tiene que empezar. Su mandato llega a su fin; la oferta está concebida para sobrevivirle.

Traducido por Alessandra

Fuentes

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