Seis meses de asesoramiento dietético mejoran los resultados del sueño en pacientes con enfermedad cardiovascular: un ECA

El asesoramiento dietético para pacientes con enfermedad cardiovascular (ECV) mejoró la calidad de la dieta durante seis meses, pero esto no se tradujo en mejores resultados de sueño, según un análisis secundario de un ensayo controlado aleatorizado publicado en el Journal of Sleep Research.

El estudio

Verkaar y sus colegas realizaron un análisis secundario de un ensayo controlado aleatorizado de seis meses, de dos brazos, en grupos paralelos (registrado en clinicaltrials.gov, NCT05071092) entre pacientes con ECV establecida reclutados de dos hospitales neerlandeses. El ensayo original evaluó los efectos del asesoramiento dietético sobre los perfiles de riesgo cardiovascular (van Damme et al., Clinical Nutrition, 2025).

Se incluyó a un total de 112 pacientes (edad media 68,9 años, 74% hombres, IMC medio 27,7 kg/m²). Los participantes fueron asignados aleatoriamente 1:1 para recibir asesoramiento dietético (n=57) o atención habitual (n=55), estratificados por centro hospitalario. El estudio no fue ciego.

Intervención y resultados

El grupo de intervención recibió hasta cinco horas de asesoramiento dietético a lo largo de siete sesiones durante seis meses, impartido por un dietista. El asesoramiento se centró en las guías alimentarias neerlandesas: aumentar verduras, frutas, cereales integrales, legumbres, frutos secos, lácteos, pescado y té, y reducir la sal, la carne roja y procesada, las bebidas azucaradas y el alcohol. El grupo de control recibió atención habitual. No se proporcionaron consejos específicos sobre el sueño a ninguno de los grupos.

La calidad de la dieta se evaluó mediante un cuestionario de frecuencia de consumo de alimentos que generaba una puntuación del Índice de Dieta Saludable Neerlandés (rango 0 a 160, puntuaciones más altas indican mejor adherencia). Los resultados del sueño se midieron con el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh (PSQI) al inicio y a los seis meses. Una puntuación PSQI superior a 5 indicaba mala calidad del sueño.

Hallazgos principales

Al inicio, el 32% de los participantes tenía mala calidad del sueño (PSQI mediana 5,0, IQR 3,0 a 8,0). La mayoría (87%) no utilizaba medicación para dormir.

La calidad de la dieta mejoró más en el grupo de intervención (de 104,7 a 117,0) que en el grupo de control (de 102,1 a 107,7). La diferencia media ajustada fue de 7,7 puntos (IC del 95%: 1,2 a 14,2), lo que confirma una mejora dietética exitosa.

Sin embargo, esta mejora no produjo beneficios correspondientes en el sueño. La intervención no dio lugar a cambios estadísticamente significativos en ningún resultado del sueño. Para la puntuación global del PSQI, la diferencia media ajustada fue de 0,2 puntos (IC del 95%: -0,6 a 1,0). La duración del sueño cambió en 9,0 minutos (IC del 95%: -15,8 a 33,8), la latencia de inicio del sueño en 3,8 minutos (IC del 95%: -3,5 a 11,1) y la eficiencia del sueño en -0,2 puntos porcentuales (IC del 95%: -4,0 a 3,7). Todos los intervalos de confianza cruzaron el cero.

Análisis de sensibilidad

Los análisis de sensibilidad reforzaron el hallazgo principal. Al limitarse a los participantes con mal sueño al inicio, la diferencia del PSQI fue de 0,1 puntos (IC del 95%: -1,8 a 1,9). Los análisis por protocolo limitados a aquellos que asistieron al menos a cinco sesiones, o que mejoraron la calidad de la dieta en al menos media desviación estándar, tampoco mostraron beneficio.

Interpretación

Los autores sugieren dos posibles explicaciones. Primero, las mejoras en la calidad de la dieta, aunque estadísticamente significativas, pueden haber sido demasiado modestas para afectar la fisiología del sueño. Segundo, mejorar la calidad de la dieta puede simplemente no afectar de manera significativa el sueño en pacientes con ECV establecida, al menos durante seis meses.

Estos resultados son notables porque los problemas de sueño afectan aproximadamente a uno de cada tres pacientes con ECV, y las intervenciones dietéticas se proponen con frecuencia como una estrategia accesible y de bajo riesgo para mejorar el sueño. Este ensayo sugiere que el asesoramiento dietético por sí solo, sin un componente específico para el sueño, es poco probable que mejore los resultados del sueño en esta población, incluso cuando mejora con éxito la adherencia dietética.

Fortalezas y limitaciones

Las fortalezas incluyen el diseño aleatorizado y los instrumentos validados para la dieta y el sueño. Las limitaciones incluyen el tamaño muestral modesto, la falta de cegamiento, la dependencia del sueño autoinformado (en lugar de actigrafía o polisomnografía) y el seguimiento relativamente corto de seis meses. La cohorte era predominantemente mayor, masculina y neerlandesa, lo que puede limitar la generalizabilidad.

Conclusión

Seis meses de asesoramiento dietético en pacientes con ECV mejoraron la calidad de la dieta pero no mejoraron la calidad del sueño, la duración del sueño, la latencia de inicio del sueño ni la eficiencia del sueño medidas por el PSQI. Estos hallazgos sugieren que mejorar la dieta por sí sola, sin intervenciones específicas para el sueño, puede ser insuficiente para abordar los problemas de sueño en esta población.

Traducido por Alessandra

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