Ucrania ataca Crimea: la hora del ajuste de cuentas

Ucrania está atacando en lo profundo de la Crimea ocupada, alcanzando bases aéreas, estaciones de radar e infraestructura militar rusas. Para Vladimir Putin, la península debía ser intocable. Para Kyiv, ese es exactamente el punto.

El objetivo

Crimea no es solo otro territorio ocupado. Es la joya de la corona del proyecto de Putin. La anexionó en 2014, construyó el puente de Kerch para conectarla con Rusia, estacionó la Flota del Mar Negro en Sebastopol y convirtió la península en una plataforma de lanzamiento para la invasión de 2022. Según Moscú, Crimea es “históricamente tierra rusa”, la anexión fue presentada como una restauración de la justicia, no como un acto de guerra.

Ucrania lo ve de manera diferente. Crimea es territorio ucraniano bajo ocupación ilegal. La guerra, como ha dicho el presidente Zelensky, “comenzó con Crimea y debe terminar con Crimea, con su liberación”.

Los ataques

En las últimas semanas, las fuerzas ucranianas han intensificado los ataques contra instalaciones militares rusas en toda la península. La base aérea de Saky, donde están estacionados los aviones de guerra rusos que bombardean ciudades ucranianas, ha sido alcanzada repetidamente. Las imágenes satelitales muestran aeronaves destruidas, pistas calcinadas y cráteres en las áreas de almacenamiento de combustible. Fuentes militares ucranianas afirman que siete aviones de guerra rusos fueron destruidos solo en el último ataque.

Los ataques no son simbólicos. Degradan la capacidad de Rusia para proyectar poder aéreo sobre el sur de Ucrania y el mar Negro. Obligan al ejército ruso a redesplegar defensas aéreas lejos de las líneas del frente para proteger los activos en Crimea. Y demuestran que ninguna parte del territorio ocupado está a salvo.

Para el Kremlin, la vergüenza se ve agravada por la pérdida de una narrativa. Putin pasó una década presentando Crimea como la línea roja inviolable de Rusia. La península debía ser el logro permanente de su gobierno, el territorio que probaba que Rusia había restaurado su estatus de gran potencia. Cada ataque ucraniano a una base aérea en Crimea es una refutación de esa afirmación.

La hora del ajuste de cuentas

El momento de los ataques intensificados no es accidental. Se producen mientras Rusia ha intensificado su bombardeo de ciudades ucranianas, 68 misiles balísticos y de crucero y 351 drones en el solo ataque del 6 de julio contra Kyiv. Para Ucrania, atacar Crimea es una respuesta directa: ustedes bombardean nuestras ciudades, nosotros atacamos sus bases.

Esta es una guerra despojada de eufemismos. Rusia ataca a civiles ucranianos. Ucrania ataca infraestructura militar rusa. La palabra “represalia” no se usa en declaraciones oficiales, pero el patrón es claro.

Los ataques también tienen un propósito político. Mientras la cumbre de la OTAN se reúne en Ankara, Ucrania demuestra que puede llevar la guerra a Rusia, que no es una víctima pasiva esperando ser rescatada. El mensaje a los aliados es: dennos las armas, y las usaremos.

El dilema de Putin

Para Putin, los ataques a Crimea presentan un problema estratégico sin solución fácil. Puede reforzar la península con más defensas aéreas, pero eso significa quitarlas de otros lugares. Puede escalar aún más la guerra, pero el costo en bajas y daños económicos ya está aumentando. Puede reconocer que Crimea es ahora una zona de guerra, pero eso destrozaría la narrativa interna de la península como un pacífico refugio ruso.

La respuesta oficial del Kremlin ha sido restar importancia a los daños y amenazar con represalias. Dmitri Medvédev, el expresidente que ahora funge como vicepresidente del Consejo de Seguridad, ha advertido que un ataque a Crimea desencadenaría el “Día del Juicio Final”. Pero los ataques continúan, y la represalia que prometió no los ha detenido.

Lo que significa

Los ataques ucranianos a Crimea representan un cambio en la geometría de la guerra. Durante dos años, los combates se concentraron en el este y el sur del continente. Ahora Kyiv ha demostrado la capacidad de alcanzar todos los rincones del territorio ocupado, incluida la península que Moscú consideraba su suelo soberano.

Para Putin, lo que está en juego no podría ser mayor. Construyó su identidad política en torno a la restauración de la grandeza rusa, y Crimea era el símbolo de esa restauración. Cada columna de humo que se eleva desde una base aérea en Crimea es un desafío directo a esa identidad.

“La hora del ajuste de cuentas” no es solo un eslogan. Es la lógica de una guerra que ha entrado en su quinto año, donde la distinción entre ofensiva y defensiva se ha desdibujado, y donde cada escalada de un bando se encuentra con la del otro. Ucrania ataca Crimea porque puede, porque Rusia atacó Kyiv, y porque las alternativas se han agotado.

Traducido por Alessandra

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