
El ejército ucraniano está demostrando que puede destruir prácticamente cualquier cosa que quiera dentro de Rusia. Cada vez menos lugares parecen seguros dentro del país, mientras las instalaciones petroleras, las fábricas de armas, los convoyes militares y las bases de bombarderos arden con una regularidad creciente.
El FP-5 Flamingo, un misil de crucero subsónico fabricado en Ucrania con un alcance de 3.000 kilómetros, ha sido el caballo de batalla de esta campaña. No es un arma furtiva. No es hipersónico. Es barato, de largo alcance y lo suficientemente eficaz como para seguir atravesando las defensas. En los últimos seis meses, las fuerzas ucranianas lo han utilizado para atacar depósitos de municiones cerca de Volgogrado, plantas de producción de misiles en Tambov, refinerías de petróleo en Samara y Moscú, y un importante campo de pruebas militares en Kapustin Yar. El Flamingo entró en servicio en 2025 y ha sido perfeccionado constantemente basándose en la información del campo de batalla.
El presidente Volodimir Zelenski ha confirmado abiertamente los ataques, eliminando cualquier ambigüedad sobre quién es el responsable. Tras una reciente oleada de ataques nocturnos que alcanzaron la refinería de petróleo Kuibyshev en Samara y la planta VNIIR-Progress en Cheboksary, una instalación que produce componentes para los drones Shahed rusos y misiles guiados, Zelenski declaró que se utilizaron misiles Flamingo. Moscú, por su parte, afirmó que sus defensas aéreas habían interceptado 326 drones en 20 regiones, describiendo uno de los mayores asaltos aéreos coordinados de la guerra.
El patrón está claro. Ucrania ha desarrollado una capacidad de ataque que puede alcanzar las profundidades del territorio ruso sin depender de las armas de largo alcance suministradas por Occidente, que tenían restricciones de uso. La propia industria de defensa ucraniana, que se daba por casi destruida en 2022, se ha convertido discretamente en un fabricante de armas que están cambiando la forma de la guerra.
El efecto estratégico va más allá del daño físico. Cada incendio en una refinería, cada explosión en un depósito de municiones, cada cierre de fábrica obliga al ejército ruso a reubicar activos, dispersar suministros y redesplegar las defensas aéreas lejos de las líneas del frente. Una planta de misiles rusa en Cheboksary, a 900 kilómetros de Ucrania, ahora tiene que preocuparse de que un misil ucraniano la alcance. Eso es un cambio psicológico tanto como militar. El Kremlin se ha visto obligado a reconocer los ataques públicamente, algo poco habitual en un gobierno que prefiere proyectar invulnerabilidad.
Rusia todavía mantiene la ventaja en artillería, mano de obra y poder aéreo. Todavía ocupa aproximadamente una quinta parte del territorio ucraniano. Pero la suposición de que las zonas de retaguardia de Rusia son seguras, una creencia fundamental que ha moldeado la planificación militar rusa desde la era soviética, se ha roto. Si los drones ucranianos pueden alcanzar Cheboksary, Samara, Tambov y Moscú, no hay un límite obvio sobre la profundidad a la que pueden llegar.
El grupo de expertos independiente Chatham House ha señalado que la estrategia de ataque profundo de Ucrania pretende en parte demostrar a Estados Unidos que Ucrania puede derrotar a Rusia por sus propios medios, sin necesidad de una intervención estadounidense directa. Si ese argumento persuade a Washington sigue siendo una pregunta abierta. Lo que no está en duda es que Ucrania ha logrado algo que parecía imposible hace dos años: ha hecho que la guerra sea real para los rusos comunes de una manera que nunca lo fue antes.
El programa Flamingo también tiene implicaciones económicas. Los analistas occidentales estiman que el FP-5 cuesta una fracción de los sistemas de defensa aérea rusos necesarios para interceptarlo. La asimetría es deliberada: Ucrania obliga a Rusia a gastar millones protegiendo activos que cuestan decenas de miles atacar. Cada fábrica de componentes Shahed alcanzada en Cheboksary o cada incendio de refinería en Moscú se suma a un drenaje económico acumulativo que Rusia no puede reemplazar fácilmente bajo las sanciones. Esta es una guerra de desgaste librada tanto con drones como con proyectiles de artillería.
Traducido por Alessandra

