¿La revolución de drones en Ucrania, un fenómeno pasajero o el futuro de la guerra?

Ucrania está librando la guerra tecnológicamente más innovadora de la historia moderna, no porque su gobierno la haya planeado así, sino porque el gobierno era demasiado débil para controlar el proceso.

El resultado es un fenómeno que los analistas llaman “front-brewing”: pequeños talleres industriales construyen drones, técnicos de primera línea los modifican en tiempo real, y el ciclo de retroalimentación del soldado al fabricante toma semanas en lugar de años. El modelo ha producido una innovación exponencial, congelado la línea del frente y permitido una campaña de ataques profundos contra la logística rusa.

Tres analistas de Foreign Policy, Charles Dainoff, Geoffrey Fain Williams y Robert Farley, hacen la pregunta obvia: ¿es este el futuro de la guerra de infantería, o una anomalía puntual impulsada por las circunstancias únicas de Ucrania?

Cómo funciona el “front-brewing”

Durante la mayor parte de la historia militar moderna, la producción de armas ha sido centralizada. El mosquete Brown Bess sirvió al ejército británico durante más de un siglo con modificaciones menores. El cambio al “front-brewing” es una ruptura importante con esa tradición.

El modelo de Ucrania tiene tres características que lo hacen funcionar: baja capacidad estatal inicial (que paradójicamente permitió flexibilidad en lugar de inercia burocrática), necesidad desesperada (el país carece tanto de mano de obra como de una base industrial tradicional) y financiamiento descentralizado (una combinación de gasto gubernamental, ayuda extranjera y contratos directos entre unidades y talleres).

El ciclo de actualización de los drones es de aproximadamente tres semanas. Los modelos más antiguos se vuelven inútiles rápidamente a medida que ambos bandos adaptan contramedidas de guerra electrónica. El resultado es una carrera armamentista medida en semanas, no en años.

Los drones guiados por fibra óptica, que Ucrania ha estado utilizando desde marzo de 2024, son inmunes a la guerra electrónica. La tecnología ya se ha extendido: Hezbolá la adoptó en el Líbano, y el Frente de Liberación de Azawad en Malí ha utilizado drones contra las fuerzas gubernamentales.

Por qué podría no durar

Los autores ofrecen varias explicaciones para lo que está sucediendo, y ninguna es totalmente tranquilizadora para quienes ven el modelo de Ucrania como la plantilla para futuras guerras.

Una posibilidad es que se trate de una casualidad temporal. Solo los estados de baja capacidad o los actores no estatales están utilizando actualmente este modelo. Estados de alta capacidad como Estados Unidos e India pueden ser estructuralmente incapaces de replicarlo; sus sistemas de adquisición están demasiado centralizados, son demasiado lentos y demasiado resistentes al tipo de caos que produce una innovación rápida.

Una segunda posibilidad es que el ecosistema de drones de Ucrania sea un sustituto barato de la capacidad militar real. Ucrania invierte fuertemente en drones porque carece de la mano de obra y la industria tradicional de una gran potencia. Pero el modelo también ha tomado por sorpresa a Rusia e Israel, lo que sugiere que es más que una simple solución temporal.

Una tercera posibilidad es que los fabricantes de equipos originales chinos y turcos estén vendiendo innovaciones ucranianas a otros conflictos, lo que explicaría cómo la tecnología de drones de fibra óptica llegó a Hezbolá.

El escenario más probable, argumentan los autores, es una etapa temporal antes de la estandarización, análoga a la era de los entusiastas de las PC de las décadas de 1970 y 1980, o los primeros días de internet antes de que unas pocas plataformas dominaran. Si la tecnología de drones se estabiliza en mejores prácticas dentro de dos años, la era del “front-brewing” ucraniano será una nota histórica al pie. Si toma diez o veinte años, tendrá una gran importancia.

Lo que significa

El enfoque de Ucrania no puede copiarse fácilmente. Surgió de un conjunto específico de condiciones: un estado demasiado débil para controlar su propia industria de defensa, una necesidad desesperada de innovación en el campo de batalla y un modelo de financiamiento que eludió la adquisición tradicional.

Las principales fuerzas militares del mundo enfrentan una elección incómoda. Pueden intentar replicar el modelo de Ucrania, lo que requeriría desmantelar décadas de infraestructura centralizada de adquisición. O pueden esperar a que la tecnología se estabilice y comprar sistemas estandarizados más tarde, pero eso significa aceptar que la próxima guerra puede librarse con armas diseñadas en el garaje de otra persona.

La cuestión no es si la guerra con drones llegó para quedarse. Es si los sistemas rígidos y verticales que construyeron los ejércitos más poderosos del mundo pueden aprender algo de un país que triunfó al no tener ningún sistema en absoluto.

Traducido por Alessandra

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