
El Reino Unido aprovechó la cumbre de la OTAN de esta semana en Ankara para presentar un esfuerzo de USD 50 mil millones a diez años para construir capacidades europeas de ataque de precisión de largo alcance. Es el programa de misiles europeo más ambicioso desde la Guerra Fría, y una respuesta directa a la guerra en Ucrania.
La cifra no es un contrato único. Es una estructura de financiamiento y coordinación que une los programas de misiles nacionales y bilaterales existentes de una docena de aliados europeos. Funcionarios británicos lo describieron como un mecanismo para “compartir experiencia, avances tecnológicos y profundizar la colaboración industrial para avanzar rápidamente las capacidades de la OTAN”.
Londres está poniendo £3 mil millones (USD 4 mil millones) de su propio dinero sobre la mesa, distribuidos en dos proyectos existentes. El primero es Trinity House, un programa germano-británico para desarrollar armas furtivas e hipersónicas con un alcance superior a 2.000 kilómetros, cuyo ingreso en servicio está previsto para la década de 2030. El segundo es Stratus, un proyecto británico-franco-italiano para construir el sucesor del misil de crucero Storm Shadow, respaldado por un nuevo compromiso británico de £1.400 millones (USD 1.900 millones) en cuatro años.
El Reino Unido también se ha unido al programa de misiles de ataque de precisión (PrSM) entre Estados Unidos y Australia, diseñado para reemplazar el misil estadounidense ATACMS. Los requisitos combinados de alcance van desde 300 kilómetros hasta más de 2.000, demasiado amplios para un solo diseño de misil, razón por la cual la iniciativa cubre múltiples plataformas.
La urgencia detrás del plan proviene de dos direcciones.
La guerra en Ucrania ha demostrado el efecto devastador de las armas de ataque profundo sobre las líneas de suministro militar. Los ataques ucranianos contra depósitos de combustible, almacenes de municiones y centros de mando rusos, a cientos de kilómetros detrás de la línea del frente, han moldeado el curso de la guerra. Los ejércitos europeos, que pasaron las décadas posteriores a la Guerra Fría centrados en operaciones expedicionarias en Afganistán y el Sahel, habían dejado atrofiar sus capacidades de ataque de largo alcance. Ucrania demostró que eso fue un error.
El segundo motor es la retirada parcial de tropas estadounidenses de Alemania, anunciada a principios de este año. Berlín está intentando reemplazar las capacidades que los estadounidenses se llevan consigo. El mensaje es claro: Europa no puede depender de los activos de ataque profundo estadounidenses para siempre.
Una iniciativa relacionada lanzada el 7 de julio, la misma semana, hizo que seis miembros de la OTAN (Dinamarca, Francia, Italia, Noruega, Turquía y el Reino Unido) crearan un “Proyecto de Alta Visibilidad de Capacidades Multinacionales de Ataque de Precisión Basadas en Tierra” para explorar nuevos lanzadores y misiles bajo los auspicios de la OTAN. Cómo se relaciona esto con el plan de USD 50 mil millones del Reino Unido aún no está claro.
Lo que está claro es que el Enfoque Europeo de Ataque de Largo Alcance (ELSA), lanzado en julio de 2024 por Francia, Alemania, Italia y Polonia, había tenido dificultades para ganar tracción durante dos años. El nuevo compromiso liderado por el Reino Unido podría inyectar el impulso que ese marco necesitaba.
El gobierno británico no ha nombrado cuáles de los “alrededor de una docena de socios europeos” prevé que se unan a la iniciativa. Esa ambigüedad es deliberada: el plan está diseñado para atraer aliados gradualmente en lugar de exigir compromisos previos. Pero la dirección es inconfundible. Europa está construyendo su propia capacidad de ataque profundo, y está gastando dinero serio para hacerlo.
Traducido por Alessandra

