
El director de la Agencia Internacional de la Energía ha lanzado la advertencia más directa hasta la fecha sobre la crisis del estrecho de Ormuz: el suministro energético mundial enfrenta una disrupción peor que los shocks petroleros de 1973, 1979 y 2002 combinados.
“El mundo nunca ha experimentado una disrupción del suministro energético de tal magnitud”, declaró Fatih Birol a Le Figaro. “La seguridad petrolera sigue siendo un tema crítico, y si la situación no mejora, el mundo debería preocuparse”.
El estrecho de Ormuz transporta aproximadamente el 20% de todo el petróleo y gas que se consume en el planeta. Desde que se reanudaron los ataques estadounidenses e Irán respondió amenazando el transporte marítimo, el tráfico de buques tanque a través del estrecho se ha reducido prácticamente a una paralización. El bloqueo, reimpuesto por Estados Unidos tras el colapso del acuerdo de alto el fuego del mes pasado, ya ha desviado o inmovilizado a docenas de embarcaciones comerciales.
Birol señaló que la crisis está golpeando con mayor dureza a los países en desarrollo. Estos enfrentan precios más altos del petróleo y el gas, precios más altos de los alimentos y una inflación acelerada, el tipo de desastre económico en cascada que puede desestabilizar gobiernos.
Las cifras son contundentes. La AIE estima que la oferta mundial de petróleo ha caído en 3,9 millones de barriles diarios desde que escaló el conflicto. Las reservas de emergencia se han reducido a tasas récord; la AIE coordinó una liberación de 400 millones de barriles en marzo, la mayor de su historia, pero las existencias continúan cayendo.
Los precios del petróleo se han disparado. El FMI espera que las existencias mundiales alcancen un mínimo de cinco años para fin de mes. Estados Unidos ha elevado su propia producción a un récord de 13,1 millones de barriles diarios, y Arabia Saudita ha redirigido más de 5 millones de barriles diarios a través de su oleoducto Este-Oeste hacia puertos del Mar Rojo. Estas medidas provisionales están impidiendo que la economía global se paralice por completo, pero no sustituyen a un estrecho de Ormuz funcional.
Birol ha descrito la reapertura del estrecho como “el paso más importante” para resolver la crisis energética. Esa reapertura no está en el horizonte. Estados Unidos e Irán se están bombardeando mutuamente. El memorándum de entendimiento de junio ha sido declarado nulo por ambas partes. Y los Guardianes de la Revolución Islámica han advertido que cerrarán otras rutas de exportación de petróleo y gas si Estados Unidos continúa.
La crisis ha reconfigurado los mercados energéticos mundiales de maneras que perdurarán más allá del conflicto. Los compradores están reevaluando su dependencia del petróleo del Golfo. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos están invirtiendo en capacidad de oleoductos para eludir el estrecho. Estados Unidos se ha convertido en un exportador neto de combustible para aviones por primera vez.
Pero estos cambios estructurales toman años. A corto plazo, el mundo está quemando sus reservas estratégicas, con la esperanza de que el estrecho se reabra antes de que se agoten las existencias.
Birol tuvo cuidado de no culpar a ninguna de las partes. La AIE, dijo, “se ciñe a los datos y los reporta sin temor ni favoritismo”. Los datos, en este caso, son claros: el 20% del petróleo y el gas del mundo se mueve a través de una estrecha masa de agua que ahora es una zona de guerra. Hasta que eso cambie, todo país que dependa de importaciones energéticas vive con el tiempo prestado.
Traducido por Alessandra

