
La alergia alimentaria tiene un problema de biología: los tratamientos existentes dejan de funcionar cuando se deja de tomarlos. La inmunoterapia oral eleva la tolerancia, pero la protección se desvanece sin exposición continua, y los pacientes viven con la aritmética constante de evitar un solo maní. Un equipo del Boston Children’s Hospital probó una idea fundamentalmente distinta: cambiar la relación del sistema inmunitario con los alimentos modificando las bacterias del intestino. En el primer ensayo de este tipo en personas, los trasplantes de microbioma fecal calmaron la alergia al maní en seis de quince adultos, y los investigadores identificaron el mecanismo.
El ensayo, publicado en Science Translational Medicine, reclutó a quince adultos jóvenes con alergia grave al maní que reaccionaban a menos de 100 miligramos de proteína de maní (menos de medio maní). Diez recibieron una dosis única de 36 cápsulas congeladas de heces de donantes sanos sin alergias alimentarias. Cinco fueron pretratados con antibióticos durante cuatro días para dejar espacio a las bacterias donadas. Cuatro meses después, seis participantes, tres en cada grupo, toleraban cantidades notablemente mayores de maní: algunos llegaron a 600 miligramos o más, aproximadamente dos maníes y medio. No se reportaron efectos secundarios graves.
Por qué importaban los antibióticos
El patrón de respuesta apuntaba a la biología. Tres de cinco participantes pretratados con antibióticos respondieron, frente a tres de diez que recibieron solo el trasplante, y los pretratados podían comer más de cuatro maníes antes de reaccionar. Eliminar los microbios residentes del intestino parecía dar a las bacterias donadas una mejor oportunidad de establecerse. Los autores plantean la hipótesis de que quienes no respondieron quizá no dejaron que las nuevas bacterias echaran raíces.
Luego el equipo llevó el experimento a ratones, trasplantando bacterias intestinales de las heces de los participantes a animales propensos a la alergia. Las bacterias de quienes respondieron protegieron a los ratones de desarrollar alergia a la proteína del huevo; las bacterias de los participantes muy sensibles causaron alergia al huevo. Como el experimento con ratones usó un alérgeno distinto, el efecto probablemente no es específico del maní: la terapia podría funcionar contra varias alergias alimentarias.
El mecanismo: los ácidos biliares
La contribución más profunda del estudio es mecanicista. Tanto en humanos como en ratones, la protección se correlacionó con un aumento de los metabolitos de ácidos biliares, los productos del procesamiento bacteriano de los ácidos biliares en el intestino. Las bacterias clave eran especies de Bacteroides, y la prueba causal fue decisiva: la eliminación de un gen de hidrolasa de sales biliares en una cepa protectora de Bacteroides eliminó su capacidad de suprimir la alergia alimentaria en ratones.
Los ácidos biliares han emergido en la última década como un eje de señalización entre las bacterias intestinales y el sistema inmunitario. Los metabolitos bacterianos de los ácidos biliares ayudan a moldear las células T reguladoras, las células que frenan la inflamación alérgica. En quienes respondieron, el trasplante aumentó las células T reguladoras positivas para ROR-gamma-t y redujo las células T auxiliares de tipo 2 que impulsan las respuestas alérgicas. El panorama es coherente: las bacterias donadas, en particular Bacteroides, procesan los ácidos biliares en metabolitos que expanden las células T reguladoras, restableciendo la tolerancia oral.
Qué significa
El ensayo es una prueba de concepto de fase 1: quince pacientes, de etiqueta abierta, sin control con placebo. La tasa de respuesta es real pero modesta, la durabilidad más allá de cuatro meses es desconocida, y la formulación práctica, píldoras de heces congeladas, no es como se administraría finalmente el tratamiento. Los investigadores ya están probando una formulación microbiana purificada y concentrada que puede conservarse en el refrigerador doméstico, y un estudio que combina el enfoque con inmunoterapia oral con maní.
La importancia está en la demostración de que una terapia basada en el microbioma puede mejorar la alergia alimentaria en las personas, y en la identificación de una vía molecular plausible, los metabolitos de ácidos biliares y las células T reguladoras, que puede medirse y optimizarse. Si el mecanismo se confirma, el camino a seguir no son necesariamente los trasplantes, sino probióticos dirigidos: cepas bacterianas definidas, diseñadas o seleccionadas por su procesamiento de ácidos biliares, administradas como píldora. Para los aproximadamente 33 millones de estadounidenses con alergias alimentarias graves, la promesa es un tratamiento que cambia el sistema inmunitario en lugar de uno que deba tomarse para siempre.
Traducido por Alessandra
Fuentes
- Rachid, R. et al. “Fecal microbiome transplant in food allergy in humans and mice identifies a role for bile acid metabolites in oral tolerance.” Science Translational Medicine 18: eaee3263 (2026). DOI: 10.1126/scitranslmed.aee3263
- Nature news, “First poo transplant to treat food allergy in people has ‘exciting’ results,” August 5, 2026
- Medical Xpress / Boston Children’s Hospital, August 2026

