
Las cifras coinciden, y eso permite ver que no es casualidad. El jueves, la Unión Europea incluyó a 14 empresas chinas y de Hong Kong en su último paquete de sanciones contra Rusia. El viernes, China incluyó a 14 empresas europeas en su lista de control de exportaciones. Pero los nombres cuentan la historia real: Bruselas golpeó a pequeñas empresas comerciales de ciudades portuarias chinas, y Pekín golpeó a Rheinmetall.
Rheinmetall es el mayor fabricante de armamento de Alemania, la empresa que suministra los proyectiles de artillería y las piezas de tanques que Europa compra en grandes cantidades para Ucrania y para su propio rearme. A partir de ahora tiene prohibido recibir productos chinos de doble uso, es decir, artículos con aplicaciones civiles y militares, al igual que otras 13 empresas europeas, entre ellas el fabricante checo de camiones Tatra, el productor italiano de motores Lafert, el fabricante francés de drones Cavok UAS y la empresa polaca de electrónica Vigo Photonics. La prohibición entra en vigor de inmediato y no solo afecta a los exportadores chinos, sino a cualquier empresa extranjera que intente transferir productos de doble uso de origen chino a las firmas incluidas en la lista.
El 21.º paquete de sanciones de la UE contra Rusia, aprobado el jueves, sometió a 51 entidades a restricciones de exportación más estrictas por apoyar el complejo militar-industrial de Moscú. Catorce de ellas eran chinas, y el resto incluía empresas de India, Turquía y Emiratos Árabes Unidos. Bruselas apuntó a pequeños operadores comerciales y logísticos de Cantón, Shenzhen y Dalian, el tipo de firmas que mueven mercancías hacia la economía de guerra rusa y desde ella. Pekín, en respuesta, fue directo a la industria de defensa europea.
La asimetría es la clave. Cui Hongjian, exdiplomático chino que dirige los estudios europeos de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, señala que los sucesivos paquetes de la UE han mencionado a muchas más empresas chinas de las que China ha mencionado jamás en respuesta. Según esa medida, la respuesta china es simbólica. Pero es simbólica en una dirección elegida: China selecciona sus objetivos en el único sector donde Europa está más expuesta y más inquieta, la cadena de suministro de armamento que el bloque intenta reconstruir a toda prisa.
El Ministerio de Comercio de Pekín envolvió la medida en el lenguaje habitual, afirmando que pretendía salvaguardar la seguridad y los intereses nacionales y responder a lo que calificó de acciones atroces de la UE. El mensaje de fondo es más sencillo. Europa sigue ampliando sus sanciones contra China, un paquete tras otro, y cada paquete costará ahora a la industria europea algo que pueda notar.
El momento no es casualidad. Bruselas fijó octubre como fecha límite para obtener resultados tangibles en la relación comercial, y el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, tiene previsto visitar Pekín ese mes para mostrar avances en el nuevo mecanismo de consulta acordado en junio. La Unión Europea ha declarado insostenible su relación comercial con China, ha prometido una reducción de riesgos más firme y está construyendo nuevas herramientas para vigilar la elusión arancelaria. Octubre trae además el fin de la suspensión por un año de los controles chinos a la exportación de minerales críticos y la cumbre de líderes de la UE del 15 de octubre. Ambas partes maniobran de cara a ese momento.
Por ahora, la contención está del lado europeo. El bloque podría haber mencionado a más empresas chinas; eligió 14. Pekín podría haber respondido con medidas contra la agricultura o el automóvil europeos, los sectores donde la represalia es convencional; en cambio eligió la industria de armamento. El intercambio se lee como una advertencia: Europa puede controlar el ritmo de esta guerra de listas, pero China controla los objetivos.
La última vez que la UE y China intercambiaron controles de exportación por Rusia, China restringió las exportaciones de chips a Europa tras una disputa con el Gobierno neerlandés por el fabricante de semiconductores Nexperia. El ciclo es conocido y se está acelerando. Cada ronda da a la otra parte una lista más larga que estudiar. Queda por ver si la diplomacia de octubre produce los resultados tangibles que exige Bruselas, o si las dos capitales se limitan a añadir otra página a sus listas.
Traducido por Alessandra

