
Boris Nadezhdin quiere postularse al parlamento ruso este septiembre con una plataforma que le da voz a los rusos que se oponen a la guerra en Ucrania. Por eso, según él, el Kremlin está haciendo todo lo posible para detenerlo.
Esta semana, lo arrestaron.
La policía detuvo a Nadezhdin en su casa de Dolgoprudny, al norte de Moscú, el lunes y lo retuvo durante varias horas antes de liberarlo con una citación judicial. El cargo: exhibir “símbolos extremistas”, específicamente, por mostrar una foto del fallecido líder opositor Alexéi Navalni durante una entrevista en línea en 2023. La pena podría ser una multa o 15 días de cárcel.
El arresto ocurrió cinco días después de que el Ministerio de Justicia de Rusia designara a Nadezhdin como “agente extranjero”, una etiqueta que el Kremlin ha utilizado contra casi todos los críticos prominentes de la guerra. Según la ley rusa, un “agente extranjero” no puede postularse a un cargo público. Ese es el objetivo.
“Entienden lo que están haciendo”, escribió Nadezhdin en Telegram mientras la policía lo escoltaba. “No quieren que yo esté en la boleta”.
Nadezhdin es algo poco común en la Rusia de Putin: un político que dice abiertamente que la guerra en Ucrania fue un error y debería terminar. Tiene 62 años, fue miembro liberal de la Duma Estatal de 1999 a 2003 y es un veterano de la política provincial de los suburbios de Moscú. No es un radical. No pide una revolución. Dice que simplemente quiere “superar el síndrome postimperial y traer a Rusia de regreso a Europa”.
Eso es suficiente para convertirlo en alguien peligroso para el Kremlin.
A principios de 2024, Nadezhdin intentó postularse contra Vladímir Putin en la elección presidencial. Reunió más de 105.000 firmas de simpatizantes en toda Rusia —gente común haciendo fila en el frío para firmar por un candidato que prometía terminar la guerra—. La comisión electoral lo descalificó de todas formas, citando errores técnicos en las firmas. Observadores independientes dijeron que los errores eran triviales y que la decisión fue política.
Ahora Nadezhdin quiere postularse a la Duma Estatal en las elecciones parlamentarias del 18 al 20 de septiembre. Dice que se presentará como independiente. La etiqueta de “agente extranjero” lo hace imposible, pero se niega a retirarse.
“No me pueden asustar”, dijo después de su arresto.
La pregunta que nadie puede responder es si Nadezhdin habla en nombre de una mayoría silenciosa o de una minoría que resulta ser lo suficientemente ruidosa como para preocupar al Kremlin. Las encuestas dentro de Rusia están estrictamente controladas y a menudo no son confiables. Pero lo que se sabe es esto: la guerra ya ha matado o herido a unos 2 millones de soldados en ambos bandos. Solo la cifra de muertos de Rusia se estima en 450.000, la más alta para cualquier potencia importante desde la Segunda Guerra Mundial. La guerra continúa en su quinto año sin un final a la vista.
El politólogo ruso Alexandr Kyniev dijo que la represión contra Nadezhdin es una señal: el Kremlin pretende disuadir a cualquiera con opiniones disidentes de participar en la elección de la Duma. “Le están diciendo a todos lo que pasa si te sales de la fila”, dijo a los periodistas.
La señal está siendo recibida. Las pocas figuras de la oposición que aún están en libertad en Rusia se han quejado abiertamente del aumento de la represión antes de la votación de septiembre. Desde 2024, se han presentado más de 10.000 cargos administrativos contra críticos de la guerra. Se espera que Rusia Unida, el partido del Kremlin, mantenga su supermayoría fácilmente en una elección sin competencia real.
La historia de Nadezhdin importa no porque sea probable que gane. No lo es. La etiqueta de “agente extranjero” por sí sola, aunque de alguna manera llegara a la boleta, paralizaría su campaña. Pero su persistencia es un recordatorio de que no todos los rusos apoyan la guerra, y de que el Kremlin aún debe silenciar a quienes lo dicen en voz alta.
En la carrera presidencial de 2024, el método del Kremlin fue simple: mantener a Nadezhdin fuera de la boleta, presentar a Putin como la única opción y fingir que la elección era normal. Para 2026, el método es más crudo: arrestar al hombre, ponerle la etiqueta y asegurarse de que todos los que podrían votar por él reciban el mensaje.
“Desde la perspectiva de Putin”, dijo Nadezhdin a El País a principios de este año, “el único final posible para la guerra es la capitulación de Ucrania”.
Esa es la posición que el Kremlin pretende mantener, y a cualquiera que abogue por un final diferente no se le permitirá hacerlo desde una urna electoral.
Traducido por Alessandra

