Las sillas vacías de Estados Unidos en el Pacífico

A los dieciocho meses del segundo mandato de Trump, Estados Unidos sigue sin embajadores confirmados por el Senado ante las Islas del Pacífico. Hay dieciséis naciones y territorios insulares del Pacífico en la región, sin contar Australia y Nueva Zelanda, y ninguna de ellas tiene un embajador estadounidense.

La primera administración Trump trató a las Islas del Pacífico como una nueva frontera en la competencia con China. Creó una dirección para las Islas del Pacífico en el Consejo de Seguridad Nacional y recibió en la Casa Blanca a los presidentes de Palaos, Micronesia y las Islas Marshall, algo inédito. Los secretarios de Estado y de Defensa realizaron las primeras visitas de miembros del gabinete en ejercicio a esos países. La administración Biden mantuvo el ritmo: reabrió la embajada en las Islas Salomón tras un cierre de unos treinta años, abrió nuevas embajadas en Tonga y Vanuatu, firmó un acuerdo de cooperación de guardacostas con Papúa Nueva Guinea, renovó los Pactos de Libre Asociación y publicó la primera estrategia dedicada al Pacífico en la historia de Estados Unidos.

La segunda administración Trump no ha hecho casi nada. Su gesto de mayor rango fue una visita a las Islas Salomón del subsecretario de Estado Christopher Landau, que se reunió con el nuevo primer ministro y anunció el regreso del Cuerpo de Paz. Ha colaborado con las Islas Cook en la minería en aguas profundas de minerales críticos, y esa es toda la lista. La única mención de Trump a la región desde que volvió al cargo fue incluir a Fiyi entre sus objetivos arancelarios.

Sus políticas han hecho el resto del daño. Las Islas del Pacífico consideran el cambio climático una amenaza existencial, y la administración lo niega. La eliminación de USAID recortó la adaptación climática, la preparación ante desastres, la salud pública y la gestión pesquera en toda la región. La guerra de Irán y la crisis energética golpearon con más dureza a las islas porque importan casi todo su combustible. El turismo, el sustento económico de la región, se desplomó cuando los viajeros dejaron de tomar vacaciones intercontinentales, y los aranceles se encargaron de que nadie olvidara quién era el responsable.

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Pekín, mientras tanto, ha sido constante, lo que es una ventaja en sí misma. Cuando China probó en julio un misil balístico lanzado desde submarino contra el Pacífico Sur, avisó con antelación a Japón, Nueva Zelanda y Australia, y no avisó a Estados Unidos. El Departamento de Estado condenó la prueba, pero reafirmó los compromisos estadounidenses solo con los aliados y socios en general, sin nombrar a ningún país insular del Pacífico. China ya había convocado una reunión de ministros de Exteriores del Pacífico, ampliado sus acuerdos con las Islas Cook y las Islas Salomón, y mantenido un ritmo constante de visitas de alto nivel. Envió un misil a la región y un ministro a las reuniones; Washington envió un comunicado.

Las señales que emite el propio lenguaje de Washington no tranquilizan. El secretario de Defensa evitó el término «Indo-Pacífico» en el Diálogo de Shangri-La, y el presidente devolvió al Mando del Indo-Pacífico su antiguo nombre de Mando del Pacífico. La estrategia se estrecha visiblemente hacia Asia Oriental, hacia Japón, Corea del Sur y Filipinas, los aliados que importan para el combate inmediato. Las Islas del Pacífico, que se sitúan en medio de la segunda cadena de islas y podrían ofrecer el despliegue distribuido que el Pentágono dice necesitar, han quedado fuera del cuadro que sustituyó al anterior.

La gente de la región lo ha notado. Dicen que Washington debe hacer que su retórica vaya acompañada de hechos y resultados, y que se han dejado demasiadas promesas sin cumplir. Esa es la versión educada. La versión poco educada es que Estados Unidos está perdiendo el Pacífico de la misma manera en que pierde casi todo ahora, no por la victoria de un rival, sino por su propia ausencia. Pekín no necesita ganarse las islas; solo necesita presentarse, y lo hace. Las sillas del lado estadounidense están vacías, y la sala se está llenando.

Traducido por Alessandra

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