
Durante casi cinco horas, en la tarde del 22 de abril, drones israelíes sobrevolaron en círculos a dos mujeres en la aldea de al-Tiri, en el sur del Líbano. Las dos mujeres eran periodistas. Amal Khalil, de 42 años, corresponsal del diario al-Akhbar, y Zeinab Faraj, de 21 años, cámara independiente, habían acudido para documentar las consecuencias de un ataque israelí. Al caer la noche, Khalil yacía muerta bajo los escombros del edificio en el que las dos se habían refugiado, y el ejército israelí la calificaba, junto a los dos hombres muertos antes que ella, de saboteadores.
La reconstrucción es precisa y demoledora en su detalle. Hacia las 14:25, un primer ataque alcanzó un coche que iba delante de las dos mujeres y mató a Ali Bazzi, el alcalde de la localidad, y a Mohammed al-Hourani. Khalil y Faraj estaban a unos metros. Los drones de vigilancia israelíes sobrevolaron después la zona durante la mayor parte de una hora. Faraj dijo que veía un cuadricóptero a través de una grieta del tejado, que se asomaba al interior, bajaba y volvía a subir.
Hacia las 15:40, un segundo ataque alcanzó el coche aparcado de las periodistas. Las dos mujeres resultaron heridas. Khalil llamó al rescatador Moussa Chaalan y le pidió que viniera a buscarla, diciendo que no podía hacer nada. Se trasladaron a un edificio de tres plantas. Una solicitud de desconflicción había sido remitida al ejército israelí a través de la UNIFIL aproximadamente una hora y media antes, en la que se indicaba la ruta exacta del rescate y se identificaba a los periodistas presentes en el lugar.
Hacia las 16:25, un tercer ataque derribó el edificio. Khalil habló con su hermana por última vez a las 16:22 de esa tarde. A la Cruz Roja se le impidió la entrada durante horas. Faraj fue rescatada de entre los escombros hacia las 17:40, ensangrentada y con heridas en las piernas, la mano, la cabeza y un ojo. Entonces un dron lanzó una granada aturdidora y los rescatistas se retiraron, dejando a Khalil atrás. El hospital registró su muerte hacia las 19:00, por paro cardíaco derivado de una herida en la cabeza. La cronología de HRW concluye que lo más probable es que siguiera con vida cuando se hizo retroceder al equipo de rescate. El ejército israelí concedió una segunda solicitud de acceso a las 20:15 de esa noche, con una hora de retraso. A las 20:27 calificó a los muertos de saboteadores.
La versión del ejército no ha cambiado: dos vehículos salieron de un edificio utilizado por Hezbolá, sus ocupantes cruzaron la línea del frente y representaban una amenaza inmediata, y la Fuerza Aérea atacó los vehículos y después el edificio en el que se refugiaron los infiltrados. Las fuerzas israelíes insisten en que nunca apuntan contra los periodistas y en que tratan de limitar los daños. Faraj, que sobrevivió, asegura que nunca entró en ninguna instalación militar. Ha declarado que las dos iban claramente identificadas como prensa y que a Khalil ya la habían amenazado antes por sus reportajes.
La investigación de Amnistía se basa en el testimonio de la superviviente, los primeros intervinientes, vídeos, los registros de coordinación y una investigación de The Washington Post. Heba Morayef, directora regional de Amnistía, dijo que el ejército sabía, o debería haber sabido, que dos mujeres civiles se refugiaban en ese edificio y que, aun así, lo atacó. Ramzi Kaiss, de HRW, fue más contundente: el ejército israelí asegura que no ataca a periodistas, pero los hechos y las pruebas demuestran que lo ha hecho en repetidas ocasiones.
Los hallazgos se producen en una guerra que ya está bajo escrutinio. El alto comisionado de la ONU para los derechos humanos advirtió en julio de que las operaciones israelíes en el Líbano podrían constituir crímenes de guerra; el balance civil supera los 4.300 muertos y los 600.000 desplazados. Para los periodistas que todavía trabajan en el sur, la investigación es una advertencia sobre sus propias condiciones de trabajo: los drones, los dobles ataques, el rescate demorado, todo documentado en al-Tiri, se han convertido en la pauta habitual del periodismo en la zona.
La muerte de Khalil no es un caso aislado. Las organizaciones de derechos humanos contabilizan al menos ocho periodistas muertos en ataques israelíes este año. El patrón se repite con los mismos elementos: drones que vigilan, solicitudes que se presentan, rescates que se retrasan y etiquetas que llegan antes de que se recuperen los cuerpos. Un ejército puede negar la intención. Es más difícil negar el dron que planeaba sobre el tejado agrietado, a la espera.
Source
- The Guardian: Israeli strike that killed journalist in Lebanon was war crime, say rights groups
- Human Rights Watch: Lebanon: Israel’s Killing of Journalist an Apparent War Crime
- Amnesty International: Israeli attack on journalist Amal Khalil must be investigated as a war crime
Traducido por Alessandra

