
El Reino Unido destinará más de 63 mil millones de libras (84 mil millones de dólares) a su disuasión nuclear durante los próximos cuatro años, confirmó el gobierno esta semana. El gasto, anunciado el 30 de junio como parte del Plan de Inversión en Defensa del primer ministro saliente Keir Starmer, es la señal más clara de que Londres ve las armas atómicas no como un último recurso sino como el centro de su postura estratégica.
El dinero para la nuclear es una gran parte de un perfil de gasto en defensa mucho mayor de 298 mil millones de libras (398 mil millones de dólares) a cuatro años, destinado a elevar el gasto militar del Reino Unido al 2,7 por ciento del PIB, camino al objetivo del 3,5 por ciento de la OTAN para 2035. Lo que Londres compra con ese dinero dice algo sobre la dirección del pensamiento estratégico británico.
Las partidas más importantes son los submarinos de misiles balísticos de clase Dreadnought y los submarinos de ataque de propulsión nuclear SSN-AUKUS que se construyen en cooperación con Australia y Estados Unidos. Pero el gobierno también confirmó la financiación de una nueva ojiva soberana llamada Astraea, designada A21/Mk7, que el Establecimiento de Armas Atómicas ha estado desarrollando desde 2020. El rendimiento estimado de Astraea se situaría entre 90 y 455 kilotones, un aumento marcado respecto a los 80 a 100 kilotones de la ojiva Holbrook existente.
El Reino Unido también está comprando 12 cazas F-35A y reincorporándose a la misión de compartición nuclear de aeronaves de doble capacidad de la OTAN por primera vez desde la Guerra Fría. Ese acuerdo implicará que bombas estadounidenses B61-12 sean estacionadas en suelo británico, para ser lanzadas por aeronaves británicas si el presidente de Estados Unidos autoriza un ataque. Acuerdos similares ya existen con los Países Bajos, Bélgica, Alemania, Italia y Turquía.
La reacción nacional ha sido moderada pero no silenciosa. La Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares calculó que el Reino Unido se convirtió en el tercer mayor gastador nuclear del mundo en 2025, con 12.600 millones de dólares. La Empresa Nuclear de Defensa del Ministerio de Defensa ya consumía el 18 por ciento del presupuesto de defensa en 2024-25, y el Comité de Cuentas Públicas había proyectado que esa parte seguiría aumentando hasta una quinta parte de todo el gasto militar.
El argumento del gobierno es sencillo: las bombas son esenciales para garantizar la soberanía británica en un mundo donde Estados Unidos es menos fiable como garante de seguridad. La misma lógica que impulsó el gasto en defensa europeo al alza tras el regreso de Trump a la Casa Blanca está empujando ahora a Londres más profundamente al ámbito nuclear.
Pero el patrón conlleva riesgos que van más allá del precio. Cada libra gastada en ojivas y submarinos es una libra que no se gasta en capacidades convencionales, ciberdefensa o el sobreexigido Ejército británico. La Revisión Estratégica de Defensa publicada en junio de 2025 reconoció que el plan de equipamiento del Ministerio de Defensa enfrenta un déficit de 19 mil millones de libras entre el presupuesto y los costos previstos. Apilar 63 mil millones de libras en nuevos compromisos nucleares sobre un sistema de contratación ya tenso invita a retrasos, sobrecostos y brechas de capacidad precisamente en las áreas donde el Reino Unido está más expuesto.
El movimiento del Reino Unido también encaja en un patrón global más amplio. Francia anunció su propio impulso de modernización nuclear en 2025. Estados Unidos está actualizando sus ojivas B61 y W87. Rusia ha desplegado nuevos sistemas hipersónicos con capacidad nuclear. Y el tratado New START entre Estados Unidos y Rusia expiró en febrero de 2026, eliminando el último límite legal sobre los arsenales nucleares estratégicos por primera vez desde 1972. El antiguo supuesto de la posguerra fría de que las armas nucleares estaban perdiendo relevancia ha sido reemplazado por algo más antiguo y más peligroso: el supuesto de que solo las armas nucleares garantizan la supervivencia en un mundo donde las reglas del juego se han derrumbado.
El Reino Unido no es el primero en moverse en esta carrera. Está reaccionando a las mismas fuerzas que todos los demás ven. Pero la magnitud del compromiso y la rapidez con la que fue anunciado sugieren que Londres ha concluido que la opción nuclear no solo es necesaria sino urgente. Que el público, el Tesoro o el próximo primer ministro esté de acuerdo es una pregunta que definirá la política de defensa británica durante el resto de la década.
Traducido por Alessandra

