
Nadie esperaba que las elecciones de septiembre fueran limpias. Esa nunca fue la cuestión. La cuestión era si el Estado mantendría las formas de la limpieza el tiempo suficiente como para que valiera la pena fingir, y el lunes el Tribunal Supremo respondió: no.
El tribunal tachó a Yábloko de la papeleta parlamentaria y eliminó así al único partido registrado que se opone a la guerra. La demanda la presentó Rodina, un partido nacionalista fiel al Kremlin. La vista duró ocho horas; la decisión, unos instantes. El partido no figurará en la papeleta cuando Rusia vote del 18 al 20 de septiembre en sus primeras elecciones parlamentarias desde el comienzo de la guerra.
Los motivos fueron los de siempre, y su endeblez era precisamente la cuestión. Rodina acusó a Yábloko de apoyar a una organización extremista por publicar material favorable al movimiento LGBT internacional, al que el propio Tribunal Supremo declaró extremista en 2023. Citó a un militante que había recitado durante una entrevista el viejo estribillo soviético sobre el sol, y calificó aquello de violación de los derechos de autor. Y alegó, a través del servicio de vigilancia financiera de Rusia, que el partido había recibido dinero canalizado desde Alemania y Estados Unidos. Nada de esto tenía que ver con la guerra, el único asunto que de verdad puede mover el voto de los rusos. Así funciona el sistema: la acusación es trivial, la consecuencia es total.
El momento elegido contaba la verdadera historia. La Comisión Electoral Central aprobó la lista de candidatos de Yábloko a finales de julio. El cálculo original del Kremlin, evidente desde hacía meses, era dejar que el partido pacifista se presentara y perdiera, como ha perdido todas las votaciones nacionales durante más de dos décadas (1,34 % en 2021), y exhibir esa derrota como prueba de tolerancia. Entonces el cálculo cambió. Rusia Unida ha caído hasta aproximadamente un tercio en las encuestas en medio de la inflación, los cortes de luz y los ataques con drones, mientras el apoyo a Yábloko subía; una papeleta con una opción realmente pacifista había empezado a parecer un lastre más que un adorno. La prohibición es la forma que tiene el Kremlin de admitir que su propia puesta en escena se había vuelto peligrosa. Se prohíbe aquello que se teme.
La verdadera política del día ocurrió fuera del tribunal, donde cientos de rusos, en su mayoría jóvenes, se reunieron para la vista coreando el nombre del partido, con manzanas, el símbolo del partido, en las manos, y gritando «vergüenza» cuando se conoció el veredicto. Un mensaje escrito con tiza en el pavimento expresaba apoyo a Yábloko y a la libertad. En un país donde la protesta pública está penalizada, una vista judicial sigue siendo uno de los pocos lugares legales para reunirse, y el Estado, al montar esta, entregó a sus oponentes un escenario.
El precio de oponerse a la guerra ha subido durante todo el año. Maxim Kruglov, vicepresidente de Yábloko, fue condenado en junio a siete años de prisión por publicaciones en línea que describían bajas civiles en Ucrania. El presidente del partido, Nikolái Rybakov, fue multado con 1.500 rublos en diciembre por una publicación de duelo por Alexéi Navalni, y la multa conllevaba un año de inhabilitación electoral. Dos vicepresidentes y otros candidatos ya habían sido excluidos de la papeleta. La semana pasada, la web del partido sufrió un ciberataque pocos días después de abrir una campaña de recaudación de fondos. El fallo del Tribunal Supremo fue el último corte, y se hizo en lo alto del árbol.
Rybakov dijo que el partido presentaría un recurso dentro del plazo de cinco días y seguiría intentando, por todos los medios disponibles, volver a la papeleta. El recurso será examinado por la misma institución que acaba de fallar en su contra. Los diez partidos restantes en la papeleta apoyan todos la guerra o se abstienen de criticarla, y los observadores independientes han sido despojados de buena parte de su capacidad para verificar el recuento. Es probable que acudan menos votantes, un resultado que conviene al Kremlin, que ya no necesita un partido pacifista para demostrar su tolerancia, sino solo una papeleta vacía para demostrar su control.
La cobertura francesa del fallo lo dijo sin rodeos: el tribunal ha privado a los votantes opuestos a la guerra del único medio de registrar esa oposición en las urnas. Nadie esperaba elecciones limpias en Rusia. Lo que cambió el lunes es que el Estado dejó de fingir que podían serlo. La manzana ha salido de la papeleta, y con ella la última apariencia de que el voto fue alguna vez una elección.
Traducido por Alessandra

