La salida del PEPFAR, la entrada de China: la nueva aritmética del sida en África

Tras un viaje a Pekín, la directora de ONUSIDA reveló qué está haciendo China en la lucha contra el sida en África. Winnie Byanyima afirmó que la financiación del Fondo de Desarrollo Global y Cooperación Sur-Sur de China respalda ahora el trabajo de prevención en varios países, entre ellos Sudáfrica, Uganda, Lesoto y Zimbabue, y expresó su gratitud por el firme compromiso de Pekín con el multilateralismo. Las sumas en cuestión son pequeñas. El momento en que llegan no lo es.

Estados Unidos construyó la respuesta mundial al sida. Su programa insignia, el PEPFAR, creado en 2003, tiene el mérito de haber salvado más de 26 millones de vidas; a finales de 2024, Washington mantenía a más de 20 millones de personas en tratamiento antirretroviral, unos 560.000 de ellos niños. Luego la maquinaria fue desmantelada. En enero de 2025, la nueva administración suspendió toda la asistencia exterior. Una exención limitada mantuvo en marcha durante un tiempo los tratamientos que salvan vidas, pero el resto fue recortado pieza por pieza: Estados Unidos puso fin a su acuerdo con ONUSIDA en febrero de 2025, USAID fue disuelta y la programación a gran escala del PEPFAR ha desaparecido. ONUSIDA estima ahora que, si esos programas siguen muertos, el mundo verá 6,6 millones de nuevas infecciones por VIH y 4,2 millones de muertes adicionales relacionadas con el sida entre 2025 y 2029, y tres millones más de niños huérfanos.

Conviene poner esas cifras junto a las chinas. Las subvenciones del fondo rondan unos pocos millones de dólares cada vez. Sudáfrica, donde viven unos ocho millones de personas con el VIH, recibió el año pasado una subvención china de 3,49 millones de dólares para financiar el trabajo de prevención dirigido a más de 50.000 jóvenes, además de servicios de reducción de daños para las personas que se inyectan drogas. Es dinero real que hace un trabajo real, y es un error de redondeo frente a la escala de lo que gastaron los programas estadounidenses y de lo que cuesta su ausencia.

La jugada de China no es una copia del PEPFAR. Pekín está construyendo su Ruta de la Seda de la Salud sobre dos cosas: subvenciones a un número reducido de países y fabricación local de medicamentos, la idea de que los Estados africanos deberían producir sus propios fármacos en lugar de depender de la cadena de suministro de un pagador extranjero. Es una propuesta genuinamente distinta, y llega en un momento en que los gobiernos africanos buscan socios en sus propios términos. Zambia y Zimbabue han rechazado los acuerdos bilaterales de salud de Estados Unidos que sustituyeron al PEPFAR, citando preocupaciones por la soberanía de los datos y por quién puede ver la información sanitaria sensible. En el antiguo orden, Washington fijaba las condiciones. En el nuevo, las condiciones son negociables, y China ofrece una relación con menos exigencias.

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No hay que confundir la imagen con la medicina. China no está reemplazando al PEPFAR; se está posicionando en el espacio que el PEPFAR dejó. Las subvenciones son publicidad barata para el papel de protector, una forma de estar presente en la mesa donde se organiza la próxima era de la salud mundial, por una fracción de lo que pagaron los estadounidenses. La apuesta por la fabricación es la parte más seria: si los Estados africanos pueden producir sus propios antirretrovirales, la próxima crisis no dependerá de la partida presupuestaria de un donante. Pero una fábrica no paga las pastillas. La brecha de tratamiento es una brecha de dinero, y nada en el gasto actual de China la cierra.

La transición está ocurriendo, haya sido planeada o no. Estados Unidos está fuera, China está dentro en los márgenes, y los Estados africanos eligen socios con los ojos abiertos. Mientras tanto, la aritmética se sostiene: millones de personas en tratamiento, un agujero de financiación que se mide en millones de muertes y apenas unos pocos millones de dólares que llegan desde una dirección nueva. La única pregunta que importa es si esta vez alguien paga la factura entera. Hasta ahora, la respuesta es nadie.

Traducido por Alessandra

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