La defensa antimisiles de Ucrania se convierte, en silencio, en un proyecto europeo

Europa está construyendo su propio interceptor de misiles balísticos, y el país encargado del diseño central es el que está siendo bombardeado. El proyecto, llamado Freyja, se lanzó en París el mes pasado con el respaldo de diez gobiernos y doce empresas de defensa, y esta semana su líder ucraniano, el fabricante de drones y misiles Fire Point, anunció que ha sumado a más de una docena de empresas europeas para suministrar las piezas que rodean al misil: radares, buscadores, sistemas de seguimiento, comando y control. La meta, con un calendario casi imposible, es darle a Europa un interceptor que realmente pueda permitirse disparar.

El proyecto existe por una razón: la escasez. Ucrania depende hoy de los sistemas estadounidenses Patriot para detener los misiles balísticos rusos, y en el mundo no hay suficientes interceptores Patriot para todos. La guerra en Irán ha agravado la escasez, al consumir las reservas y competir por las líneas de producción. Europa ha pasado años descubriendo que sus defensas aéreas son un conjunto de sistemas nacionales sin munición común. Freyja es la respuesta en principio: un misil construido por Ucrania, rodeado de electrónica europea, con un precio pensado para usarse, no para acapararse.

Un proyecto a ritmo de guerra

La economía es el punto central. Fire Point afirma que su interceptor debería costar menos de un millón de euros por misil, entre una cuarta parte y una sexta parte del precio de un interceptor Patriot. Expertos en misiles han calificado ese objetivo de impresionante, si se cumple. La directora ejecutiva de la empresa, Iryna Terekh, afirma que el programa se está comprimiendo de los veinte o treinta años habituales a un par de años. Las empresas participantes financian por su cuenta la investigación y el desarrollo hasta que el misil demuestre su valía interceptando un objetivo balístico real. La primera intercepción exitosa está programada para mediados de 2027.

La división del trabajo es lo inusual. En un proyecto europeo de defensa normal, el dinero y el peso industrial provienen de las grandes empresas, y los países socios compran el sistema terminado. En Freyja, Ucrania aporta el núcleo cinético, el interceptor FP7.X, y los europeos aportan todo lo que lo rodea. La noruega Kongsberg construye el centro de mando. La alemana Diehl Defence está en conversaciones para suministrar el buscador. La arquitectura es deliberadamente abierta, de modo que un radar de una empresa puede sustituirse por el de otra. El proyecto ya ha realizado al menos cinco pruebas del propio interceptor.

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La fábrica de guerra detrás del proyecto

Fire Point no es un contratista de tiempos de paz. Es una startup de guerra que ha crecido a la velocidad de la guerra que la rodea. La misma empresa fabrica el misil de crucero Flamingo, que este año ha alcanzado objetivos en lo profundo de Rusia, y ahora ensambla sus propios motores porque se están agotando los motores a reacción de segunda mano. Está certificando una versión de ataque de su misil balístico para su primer uso en combate a principios de otoño, y asegura tener un misil de mayor tamaño capaz de alcanzar Moscú. Los diseños de la empresa llevan las huellas de los interceptores de la era soviética, aunque Fire Point asegura que su misil comparte hoy solo alrededor de una quinta parte de su ADN con las líneas S-300 y S-400. La historia de su fundación no es pulcra: los planos soviéticos se obtuvieron con la ayuda de un empresario prófugo acusado de corrupción, cuya oferta de comprar una participación en la empresa fue rechazada.

Nada de eso importa para la cuestión de ingeniería, que es si el misil funcionará. Interceptar un misil balístico es el problema más difícil de la defensa aérea, más difícil que cualquier cosa que la empresa haya construido antes. Cinco pruebas son apenas el inicio. Mediados de 2027 queda lejos, y la guerra está consumiendo Patriot ahora mismo. Los programas europeos de defensa tienen una larga historia de declaraciones políticas que nunca se convirtieron en líneas de producción, y una coalición de diez gobiernos es un comité, no una fábrica. Los escépticos tienen razón en que este proyecto podría retrasarse, fracasar o llegar demasiado tarde.

Pero la dirección está definida. Europa finalmente ha aceptado que no puede resolver el problema de los misiles a base de comprar sistemas estadounidenses que escasean en todas partes. Necesita su propio interceptor, y le ha entregado la parte más difícil al país con más experiencia en ser bombardeado. El próximo escudo antimisiles de Europa, si se construye, será en parte ucraniano. La guerra ha convertido la defensa europea en un proyecto ucraniano, y Freyja es la señal más clara hasta ahora de que la relación ya no es de una sola vía.

Traducido por Alessandra

Fuentes

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