La guerra con Irán ya golpea a los barcos de los que depende el mundo

La cifra que conviene retener es ocho. Esos fueron los barcos que lograron atravesar el domingo el estrecho de Ormuz, una vía de agua por la que suelen circular más de un centenar de buques al día y cerca de una quinta parte del petróleo y el gas del mundo. El sábado la cifra fue de once. El estrecho no estaba tan vacío desde que comenzó la guerra en febrero, y los analistas que siguen el movimiento de los petroleros aseguran que la amenaza sobre los barcos que mantienen abastecido de combustible al mundo está ahora en su peor momento de todo el conflicto.

El estrecho ya no es el único problema. Irán cerró la puerta principal. Después, en la tercera semana de julio, los hutíes de Yemen cerraron la puerta trasera. El 20 de julio anunciaron un bloqueo naval de los puertos saudíes del mar Rojo y, en cuestión de días, reivindicaron ataques contra dos petroleros saudíes, el Encelia y el Layla. Las autoridades marítimas británicas registraron una serie de ataques en la semana siguiente. El petróleo superó brevemente los 100 dólares el barril antes de que el vaivén diplomático de los últimos días lo hiciera volver a bajar.

Dos bloqueos, una sola salida

Los dos bloqueos se retroalimentan. Durante meses, el petróleo saudí había tomado el camino largo, trasladándose hacia puertos del mar Rojo como Yanbu y descendiendo por el estrecho de Bab el Mandeb, esquivando por completo Ormuz. Era la única alternativa que funcionaba en la guerra y el mercado había terminado por depender de ella. Ahora los hutíes se la han quitado. Los analistas de Kpler, que sigue por satélite el movimiento de los petroleros, señalan que la situación en Ormuz está limitando los flujos de crudo y que el único factor que ayudaba a equilibrar el mercado está ahora también bajo amenaza.

Los datos del tráfico marítimo muestran la presión. Solo alrededor de la mitad del tráfico anterior a la guerra sigue circulando por la zona de riesgo de los hutíes en el mar Rojo, y esa mitad se comporta de forma extraña. Los barcos apagan sus transpondedores, las balizas que permiten al mundo ver dónde se encuentran, con la esperanza de que lo que no puede verse no puede ser atacado. Seis de los veintiocho buques de carga que atravesaron el sábado el estrecho de Bab el Mandeb navegaban sin señal. Las exportaciones de crudo de la región hacia Asia han caído hasta unos cuatro barcos al día, el nivel más bajo desde que empezó la guerra. Intertanko, la asociación comercial de los armadores de petroleros, señala que la zona de alto riesgo se extiende ahora a aguas saudíes y a partes del mar Rojo que antes se consideraban seguras.

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Las personas atrapadas en el agua

Detrás de las cifras de tráfico hay unos seis mil marineros, varados en unos quinientos barcos fondeados en el Golfo, en muchos casos desde hace meses. La agencia marítima de la ONU intenta evacuarlos desde que estalló la guerra, con escasos avances. El responsable de la Organización Marítima Internacional señaló que se trata de marinos mercantes entrenados para transportar carga, no para combatir, y que sus buques no están construidos para sobrevivir a misiles y drones. El secretario general de la ONU advirtió este mes de que la situación se tambalea al borde de lo inimaginable. La guerra en Ucrania ya había llevado al límite al transporte marítimo y la crisis del mar Rojo añadió una segunda presión antes incluso de que comenzara esta guerra. No queda margen en el sistema.

Un mercado que cree en las negociaciones

El precio del petróleo se ha convertido en el barómetro de la diplomacia. Los precios cayeron con fuerza durante el fin de semana después de que el presidente Trump anunciara que había cancelado los ataques planeados contra Irán porque había negociaciones en marcha. Irán niega que existan tales negociaciones, aunque confirma conversaciones con Omán para asegurar la vía marítima. El portavoz del Ministerio de Exteriores señaló que ningún acuerdo levantaría las restricciones mientras continúe lo que él calificó de agresión estadounidense. Los analistas de Kpler advierten de que las negociaciones corren el riesgo de ser un falso comienzo sin concesiones de al menos una de las partes.

Hasta los optimistas se muestran cautos. Hapag-Lloyd, una de las mayores navieras de contenedores del mundo, señala que si el estrecho se reabriera mañana, la mayoría de los barcos podrían salir de la región con rapidez, pero restaurar los flujos normales de carga llevaría de tres a cuatro meses. Se han suspendido servicios, se han redesplegado buques hacia otras rutas y se han roto contratos. La guerra lleva cinco meses y la industria naviera se ha deshecho a su alrededor.

Quienes mueven la carga del mundo, los que todavía tienen el valor o la desesperación suficientes para transportar petróleo por este corredor, dicen que el mercado ha vuelto a la casilla de salida y que todos los tipos de transporte marítimo están en un estado terrible. La cifra que lo resume sigue siendo ocho. Un estrecho que movía la energía del mundo es ahora un tramo de agua casi vacío, y los barcos que antes lo llenaban permanecen en puerto, esperando a que termine una guerra.

Traducido por Alessandra

Fuentes

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