
El sueño es una de las primeras víctimas de una estancia en la UCI. Entre las alarmas, los ventiladores, los controles de enfermería y la enfermedad subyacente misma, los pacientes críticos rara vez obtienen el descanso reparador que sus cuerpos necesitan. Los médicos han recurrido durante mucho tiempo a los somníferos para ayudar, pero un gran estudio nuevo de Japón revela que lo que recetan ha cambiado drásticamente en la última década, y que la decisión de prescribir en la UCI tiene consecuencias que se extienden mucho más allá de las puertas de la unidad.
Investigadores de la Universidad de Tohoku, la Universidad de Tokio y el Institute of Science Tokyo analizaron datos de la base de datos japonesa Diagnosis Procedure Combination, que cubre a más de 1,5 millones de pacientes adultos en UCI ingresados entre abril de 2012 y marzo de 2021. El estudio, publicado en Australian Critical Care, es la mayor revisión nacional de los patrones de prescripción de somníferos en UCI en Japón hasta la fecha.
La vieja guardia se retira
El hallazgo principal es un cambio sorprendente en la preferencia de clases farmacológicas. En 2012, las benzodiazepinas eran el agente hipnótico dominante en las UCI japonesas, prescritas al 22,1% de los pacientes. Para 2020, esa cifra había caído al 11,1%, una reducción de aproximadamente la mitad.
Las benzodiazepinas han sido vistas durante mucho tiempo con cautela en entornos hospitalarios. Conllevan riesgos de delirio, depresión respiratoria y sedación diurna, todos particularmente peligrosos en pacientes de UCI ya comprometidos. El declive constante sugiere que la conciencia de estos riesgos se ha traducido en un cambio de práctica, aunque los fármacos no han desaparecido por completo.
Las nuevas clases irrumpen
En el vacío dejado por las benzodiazepinas, dos clases farmacológicas más nuevas han irrumpido. Los antagonistas de los receptores de orexina, que actúan bloqueando la vía de señalización cerebral que promueve la vigilia, estaban esencialmente ausentes de las UCI japonesas en 2012. Para 2020, eran la clase de somníferos más recetada en el estudio, alcanzando al 18,0% de los pacientes en UCI. El ascenso de cero a uno de cada seis pacientes en menos de una década representa una de las curvas de adopción farmacológica más rápidas documentadas en cuidados críticos.
Los agonistas de los receptores de melatonina siguieron una trayectoria similar, aunque desde una base pequeña. Las tasas de prescripción aumentaron del 1,3% en 2012 al 10,7% en 2020. Estos fármacos imitan la hormona natural del sueño del cuerpo y tienen un perfil de seguridad favorable, lo que los convierte en una opción atractiva para pacientes frágiles.
En conjunto, los datos pintan un panorama claro: los intensivistas japoneses se están alejando decididamente de las benzodiazepinas y dirigiéndose hacia los antagonistas de la orexina y los agonistas de la melatonina como ayudas para dormir de primera línea.
El conducto de la UCI al alta
Pero el hallazgo más trascendental del estudio puede ser lo que sucede cuando los pacientes salen de la UCI. Entre los pacientes que recibieron somníferos durante su estancia en la UCI, al 47,0% se les recetó un somnífero al alta. Entre aquellos que no recibieron somníferos en la UCI, la tasa de prescripción al alta fue solo del 11,3%. La diferencia media estandarizada entre los dos grupos fue del 85,5%, lo que indica un efecto muy grande.
En términos estadísticos, recibir un somnífero en la UCI se asoció con un aumento de casi siete veces en las probabilidades de ser dado de alta con una receta de somnífero (odds ratio 6,90, intervalo de confianza del 95%: 6,59 a 7,23).
Esta es la tensión central de los hallazgos del estudio. El cambio hacia clases farmacológicas más nuevas puede representar un progreso en términos de seguridad y perfiles de efectos secundarios, pero el patrón subyacente de iniciar un somnífero en la UCI y continuarlo hasta el alta no ha cambiado. Los pacientes que comienzan a tomar ayudas para dormir en el hospital tienen muchas más probabilidades de salir del hospital con ellas, lo que plantea preguntas sobre la desprescripción adecuada y el riesgo de dependencia a largo plazo.
El estudio también encontró que los usuarios de somníferos en UCI tendían a estar más enfermos en general, con puntuaciones de gravedad de enfermedad más altas, estancias en UCI más largas y tratamientos más invasivos como la ventilación mecánica. Esto tiene sentido clínico: los pacientes que más necesitan apoyo para dormir suelen ser los más enfermos, pero también crea una dinámica de selección que complica la interpretación.
Limitaciones y advertencias
Los autores señalan varias limitaciones importantes. Como estudio observacional retrospectivo que utiliza datos administrativos de reclamos, puede identificar asociaciones pero no puede establecer causalidad. La base de datos carece de información sobre por qué se eligieron o suspendieron medicamentos específicos, y no captura resultados de calidad del sueño ni tasas de delirio. El estudio tampoco puede determinar si el aumento en la prescripción de antagonistas de la orexina y agonistas de la melatonina refleja una desprescripción intencional de benzodiazepinas o simplemente la disponibilidad de nuevas opciones.
Debido a que los datos provienen de una base de datos nacional japonesa, los hallazgos son directamente relevantes para la práctica clínica en Japón. Si patrones similares se mantienen en otros países, donde la disponibilidad de medicamentos y las culturas de prescripción difieren, sigue siendo una pregunta abierta.
En resumen
Las UCI japonesas están en medio de un cambio farmacológico genuino. El uso de benzodiazepinas se ha reducido a la mitad, mientras que los antagonistas de la orexina y los agonistas de la melatonina han surgido como alternativas dominantes. Este cambio probablemente refleja una creciente atención a los daños de la sedación en pacientes críticamente enfermos y la disponibilidad de agentes más nuevos con mecanismos más específicos.
Sin embargo, el estudio también revela un patrón estructural persistente: iniciar un somnífero en la UCI predice fuertemente salir del hospital con uno. Ese hallazgo sugiere que, junto a la conversación sobre qué fármaco elegir, debe haber una conversación igualmente importante sobre cuándo suspenderlo. Para un campo acertadamente centrado en los peligros de iniciar medicamentos en el hospital, la cuestión de cómo suspenderlos de manera segura merece igual atención.
Fuente: Iwasaki Y, Ohbe H, Kaiho Y, et al. Prescription patterns of sleep medications for critically ill patients: A nationwide retrospective observational cohort study in Japan. Australian Critical Care. 2026;39(4):101648. DOI: 10.1016/j.aucc.2026.101648.
Traducido por Alessandra

