La UE negocia comercio con China mientras la califica de “desafío de seguridad crítico a largo plazo

La Unión Europea está contando dos historias diferentes sobre China, y no está claro que pueda seguir contando ambas al mismo tiempo.

El 29 de junio, la UE y China acordaron una nueva definición económica de su relación: “socios comerciales clave estables y equilibrados”. Lanzaron un Mecanismo de Consulta sobre Comercio e Inversión que abarca el equilibrio comercial, los controles de exportación, la propiedad intelectual y la reforma de la OMC. El ministro de Comercio chino, Wang Wentao, visitó Bruselas. El ministro de Comercio neerlandés, Sjoerd Sjoerdsma, viajó a Pekín. El lenguaje fue cálido, práctico y profesional.

Diez días después, el 8 de julio, los embajadores de los estados miembros de la UE respaldaron un nuevo documento estratégico que describe a China como un “desafío estratégico crítico a largo plazo”, una actualización de la definición de 2019 que calificaba a China de “socio para la cooperación, competidor económico y rival sistémico”. El nuevo lenguaje vincula directamente a China con la seguridad europea, calificándola de “facilitador crucial para Moscú” en la guerra de Ucrania y situándola en el contexto de la “competencia sistémica por el orden global, la tecnología y la influencia”.

Una parte del engranaje de la UE, la Dirección General de Comercio y Seguridad Económica, está tratando de estabilizar las relaciones económicas, reducir el déficit comercial y mantener abiertos los canales de cooperación. Otra parte, el Consejo de Asuntos Exteriores, está endureciendo una narrativa de amenaza que trata a China como un desafío fundamental para la seguridad europea.

Ambas narrativas contienen elementos de verdad. China es el mayor socio comercial de Europa en muchas categorías, y el desacoplamiento sería extremadamente costoso. China también suministra componentes que terminan en armas rusas, construye infraestructura de doble uso en el Pacífico y desarrolla tecnologías de inteligencia artificial y vigilancia que los gobiernos europeos ven con creciente desconfianza.

La cuestión es si ambos enfoques pueden coexistir. La estrategia de China es hacer que la interdependencia parezca una fuente de estabilidad, cuanto más difícil es separarse, más difícil es confrontar. La narrativa de seguridad de la UE trata cada vez más la interdependencia como una fuente de vulnerabilidad.

La contradicción se desarrolla en tiempo real. Mientras Bruselas sancionó a más empresas con base en China en la vigésima ronda de sanciones contra Rusia en abril, se informó que Ucrania fue autorizada a utilizar parte de un préstamo de defensa de la UE de 6 mil millones de euros para comprar componentes de drones fabricados en China. Europa utiliza piezas chinas mientras acusa a China de facilitar las capacidades rusas.

El plazo de otoño para lograr “avances tangibles” en el comercio se acerca. También la próxima ronda del Mecanismo de Consulta sobre Comercio e Inversión en Pekín. La UE intentará mantener ambas historias en marcha. La cuestión es cuál elegirá creer China.

Traducido por Alessandra

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