
Un nuevo análisis global revela un punto ciego en la contabilidad climática: los millones de estanques, represas agrícolas y pequeños reservorios que salpican los paisajes agrícolas de todo el mundo. Aunque cubren solo el 6% de la superficie de aguas continentales de la Tierra, estos cuerpos de agua pequeños (SWB, por sus siglas en inglés) contribuyen con el 28% de las emisiones globales de metano de aguas continentales y el 15% de las emisiones de dióxido de carbono, y estas cifras están aumentando rápidamente bajo la presión combinada del calentamiento y la actividad humana.
La investigación, liderada por Xuliang Zhuang y colegas de la Academia China de Ciencias y publicada en PNAS, representa la primera evaluación global integral de las emisiones de gases de efecto invernadero de cuerpos de agua menores a 1 km². Utilizando aprendizaje automático entrenado en 470 observaciones de campo y escalado a 3,28 millones de cuerpos de agua en todo el mundo, el equipo cuantificó las emisiones en condiciones actuales y las proyectó hasta 2100 bajo tres escenarios climáticos.
Una carga desproporcionada
Las cifras subrayan una sorprendente desigualdad ecológica. Los SWB emiten 148% más metano por unidad de área que los lagos y reservorios más grandes. La ebullición del metano (la liberación de burbujas de gas desde los sedimentos) representa el 56% de la producción total de metano de los SWB, lo que la convierte en la vía de emisión dominante. Actualmente, estos cuerpos de agua pequeños liberan 84,5 Tg de CO₂ y 11,0 Tg de CH₄ por año.
Las cuencas hidrográficas agrícolas son el principal impulsor de estas emisiones desproporcionadas. La escorrentía de fertilizantes enriquece los SWB con nitrógeno y fósforo, alimentando la eutrofización que sobrecarga la producción microbiana de metano y CO₂. El estudio encontró que el flujo de metano en cuencas agrícolas es cinco veces mayor que en cuencas forestales.
El calentamiento agrava el efecto. Las temperaturas más altas aceleran las tasas metabólicas microbianas en los sedimentos, aumentando tanto la liberación difusa como la de metano en fase de burbujas. El resultado es un ciclo de retroalimentación climática positiva en gran medida ignorado en los modelos climáticos actuales: a medida que las temperaturas aumentan, los SWB liberan más gases de efecto invernadero, lo que a su vez impulsa un mayor calentamiento.
Proyecciones bajo escenarios climáticos
El estudio modeló las emisiones futuras bajo tres escenarios de Trayectoria Socioeconómica Compartida (SSP). Bajo SSP5-8.5 (la vía de altas emisiones impulsada por combustibles fósiles), las emisiones de CO₂ de los SWB aumentarían un 30% y las de CH₄ un 14% para 2100. Bajo SSP1-2.6 (la vía de desarrollo sostenible con manejo agresivo de nutrientes), los aumentos se reducen aproximadamente a la mitad: 12% para CO₂ y 4% para CH₄.
La diferencia entre los dos escenarios resalta una palanca política crítica. El manejo sostenible de nutrientes (reducir la escorrentía de fertilizantes, proteger las franjas ribereñas de amortiguamiento y restaurar los humedales) puede frenar sustancialmente el crecimiento de las emisiones de los cuerpos de agua pequeños sin requerir la eliminación completa de los estanques agrícolas o las represas.
Un comentario complementario en el mismo número de PNAS, escrito por Marcia N. Macedo de la Universidad de Columbia y el Woodwell Climate Research Center, contextualiza los hallazgos. “Pequeños pero poderosos”, escribe, describiendo cómo estos cuerpos de agua discretos han sido sistemáticamente pasados por alto tanto en los presupuestos de carbono como en las estrategias de mitigación climática.
Limitaciones y salvedades
La ampliación espacial del estudio se basa en aprendizaje automático entrenado en 470 observaciones de campo, un conjunto de datos robusto pero geográficamente desigual. Los autores señalan que el muestreo de campo está fuertemente concentrado en regiones templadas de América del Norte, Europa y Asia Oriental, con relativamente pocas observaciones de regiones tropicales, que pueden tener dinámicas de emisión diferentes. Las proyecciones bajo escenarios SSP asumen que continúan las relaciones actuales entre uso del suelo, clima y emisiones, relaciones que podrían cambiar con nuevas prácticas agrícolas o cambios de régimen en los ecosistemas.
El estudio tampoco considera completamente la capacidad de almacenamiento de carbono de los cuerpos de agua pequeños (el carbono orgánico que se deposita en los sedimentos de los estanques y permanece almacenado a largo plazo). Si bien los SWB son una fuente neta de gases de efecto invernadero a escala global, el equilibrio entre emisión y almacenamiento varía considerablemente según la latitud, la profundidad y el historial de manejo.
Próximos pasos
Los hallazgos tienen implicaciones directas para los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero, que actualmente no tratan los cuerpos de agua pequeños como una categoría de emisión distinta. Las directrices del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) para los inventarios nacionales podrían actualizarse para incluir factores de emisión específicos para SWB, un cambio que modificaría la contabilidad de los paisajes agrícolas en casi todos los países.
Por ahora, el mensaje es claro: los estanques en los campos de los agricultores no son características pasivas del paisaje. Son amplificadores activos y cada vez más potentes del cambio climático, moldeados por manos humanas.
Traducido por Alessandra
Fuentes
1. Zhuang, X., Liu, X., Xu, S., Wang, X., Shah, A. A., Wang, L., Wu, S., Jiang, C., Ouyang, Z., & Piao, S. (2026). Human amplification of climate-induced greenhouse gas emissions from global small water bodies. Proceedings of the National Academy of Sciences, 123(22), e2537678123. https://doi.org/10.1073/pnas.2537678123
2. Macedo, M. N. (2026). Small but mighty: The outsized role of small water bodies in the global carbon cycle. Proceedings of the National Academy of Sciences, 123(28), e2614198123. https://doi.org/10.1073/pnas.2614198123

