
El 6 de julio, China disparó un misil balístico lanzado desde un submarino en el Mar del Sur de China. Voló aproximadamente 7.200 km (4.500 millas) sobre aguas abiertas y cayó cerca de las Islas Salomón. Analistas australianos calificaron la acción de “provocadora”. El Departamento de Estado de EE.UU. criticó la falta de transparencia de China. Algunos incluso afirmaron que la prueba fue una respuesta directa al sorpresivo tratado de defensa firmado el mismo día entre Australia y Fiji.
Todo esto es exagerado. Malinterpretar por qué China realizó la prueba corre el riesgo de empeorar un problema real.
Decker Eveleth, analista asociado de investigación en CNA y autor de un análisis para Foreign Policy, sostiene que Pekín eligió la ruta de vuelo menos provocadora disponible, notificó con 30 minutos de antelación a los países cercanos y no realizó ninguna campaña de propaganda coordinada para presentar la prueba como una amenaza. El 7 de julio es el aniversario de la invasión japonesa de China en 1937, pero la prueba fue el 6 de julio y los medios estatales no vincularon ambos eventos.
Las verdaderas razones de la prueba son técnicas e institucionales, no políticas.
El disuasivo nuclear marítimo de China aún es joven. Sus submarinos Tipo 094 solo comenzaron patrullas nucleares regulares en 2015. El sistema SLBM nunca había sido probado a su alcance máximo. Era necesario realizar una prueba integral para validar el rendimiento del misil, la integración del lanzamiento desde submarinos y el sistema de comando y control necesario para coordinar múltiples submarinos, un problema difícil dados los desafíos de la comunicación submarina.
China emitió dos avisos separados a los navegantes aéreos, uno para la zona de lanzamiento en el Mar del Sur de China y otro para el Mar de Bohai, lo que sugiere que probó simultáneamente las comunicaciones entre sus bastiones de submarinos del norte y del sur. Ese es el tipo de ensayo técnico que cualquier potencia nuclear necesitaría realizar.
El contexto institucional también importa. La Armada del EPL ha enfrentado purgas anticorrupción generalizadas que eliminaron a la mayor parte de la Comisión Militar Central y a un ex alto general acusado de filtrar secretos nucleares. La Armada necesitaba demostrarle a Xi Jinping que aún puede hacer su trabajo.
La respuesta oficial de China fue notablemente moderada. La Armada del EPL calificó el lanzamiento como “un arreglo de rutina del entrenamiento anual” que “cumple con el derecho internacional y la práctica internacional, y no está dirigido contra ningún país u objetivo específico”. Los medios estatales restaron importancia a la prueba. Algunos medios incluso discutieron con otros más agresivos sobre su propósito.
Estados Unidos y Australia tienen razón en preocuparse por la acumulación nuclear de China. Pekín está construyendo aproximadamente 350 nuevos silos de misiles que no están cubiertos por ningún régimen de transparencia. Pero castigar a China por seguir las normas que se supone debe cumplir, emitir avisos, evitar sobrevuelos y dar advertencias anticipadas, es contraproducente.
“Si China concluye que recibirá condena independientemente de lo que haga”, escribe Eveleth, “tendrá pocos incentivos para seguir utilizando esas prácticas”. EE.UU. debería reforzar positivamente el comportamiento que quiere ver, como hizo la administración Biden después de la prueba de un ICBM chino en 2024, calificándola de “un paso en la dirección correcta”.
No todas las pruebas de misiles son una provocación. Algunas son solo pruebas.
Traducido por Alessandra

