Trump aprueba un acuerdo nuclear con Arabia Saudí sin el ‘estándar de oro’ mientras exige que Irán abandone su programa

El presidente Trump ha aprobado un acuerdo nuclear civil histórico con Arabia Saudí, un pacto de treinta años valorado en decenas de miles de millones de dólares, que omite la restricción clave de no proliferación conocida como el «estándar de oro». Se espera que el acuerdo sea firmado formalmente el miércoles por el secretario de Energía, Chris Wright.

El momento elegido difícilmente podría ser peor para la posición declarada de la administración sobre la proliferación nuclear. Washington libra actualmente una guerra contra Irán, una guerra justificada, en gran parte, por la necesidad de impedir que Teherán adquiera un arma nuclear. La exigencia central de esa guerra es que Irán entregue su uranio enriquecido y abandone por completo el enriquecimiento.

El acuerdo saudí no incluye la prohibición de enriquecimiento y reprocesamiento nacionales que Estados Unidos exigió a los Emiratos Árabes Unidos en su acuerdo de cooperación nuclear de 2009. El estándar de oro de los EAU, llamado así por los términos de no proliferación más estrictos que Estados Unidos haya negociado jamás, prohíbe al país socio enriquecer uranio o reprocesar combustible gastado en su propio suelo. Ambas actividades pueden producir material para una ojiva nuclear.

Arabia Saudí se negó a aceptar esos términos.

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Lo que realmente permite el acuerdo

Según el acuerdo, un estudio conjunto de dos años determinará si el reino necesita capacidad de enriquecimiento. En caso afirmativo, las empresas estadounidenses pueden construir una instalación bajo un acuerdo clasificado de «caja negra» que mantiene la tecnología sensible fuera de las manos saudíes. Si Estados Unidos dice que no, Arabia Saudí tiene prohibido el enriquecimiento, sola o con cualquier socio extranjero, durante diez años.

La administración sostiene que esto es suficiente. El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo: «Estados Unidos no va a alcanzar ningún acuerdo con ningún país del mundo que conlleve el riesgo de proliferación».

Pero el acuerdo también omite el Protocolo Adicional del Organismo Internacional de Energía Atómica, que otorga a los inspectores un acceso ampliado para identificar actividades nucleares no declaradas. La administración afirma que un acuerdo de salvaguardias bilateral independiente cubrirá esa brecha. Hasta que los términos completos sean públicos, el Congreso y los expertos externos no pueden evaluar de forma independiente si esas protecciones se corresponden con el marco internacional que Arabia Saudí se negó a adoptar.

Las propias palabras del príncipe heredero

El príncipe heredero Mohamed bin Salmán dijo en 2023 que Arabia Saudí buscaría un arma nuclear si Irán obtenía una. En septiembre de 2025, Riad firmó un pacto de defensa mutua con el Pakistán, dotado de armas nucleares; Islamabad dijo posteriormente que su programa nuclear «se pondrá a disposición» de Arabia Saudí si fuera necesario.

Estas declaraciones no son historia antigua. Son el contexto en el que se firma este acuerdo.

Lo que piensa el Congreso

El representante Brad Sherman, demócrata de California, lo expresó sin rodeos: «Un presidente que libra una guerra para evitar la proliferación nuclear en Oriente Próximo no debería facilitar la proliferación solo porque las empresas estadounidenses puedan obtener beneficios».

Legisladores de ambos partidos han dado la voz de alarma. El pacto se envía al Congreso para su revisión en los próximos días. Que la administración pueda vender un acuerdo nuclear que permita a Arabia Saudí enriquecer uranio, mientras bombardea a Irán por hacer lo mismo, pondrá a prueba los límites de la credibilidad de Washington.

La administración afirma que el acuerdo mantiene el programa nuclear saudí en la órbita estadounidense en lugar de entregar el negocio a China o Rusia. Los partidarios sostienen que rechazar las demandas saudíes no impediría que el reino busque energía nuclear, sino que simplemente trasladaría los contratos a Pekín o Moscú.

Ese argumento tiene cierta lógica. Pero no borra la contradicción central. Washington le dice a Irán que el enriquecimiento es demasiado peligroso para permitirlo, mientras le dice a Arabia Saudí que el enriquecimiento es una oportunidad comercial manejable. Ambos países están en la misma región. Ambos tienen razones por las que sus vecinos no confían en ellos. Ambos son signatarios del Tratado de No Proliferación.

La diferencia es que uno está pagando a empresas estadounidenses miles de millones de dólares, y el otro es el blanco de las bombas estadounidenses.

Traducido por Alessandra

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