
La primera ministra Sanae Takaichi dijo el jueves que Japón mantiene sus tres principios no nucleares, al hablar en la ceremonia conmemorativa de la paz de Hiroshima por primera vez desde que asumió el cargo. La frase, en apariencia, era la reafirmación habitual pronunciada cada 6 de agosto por todos los primeros ministros desde que los principios se declararon en 1967. El verbo no era el habitual.
Los principios son simples y, en Japón, sagrados: el país no fabricará armas nucleares, no las poseerá y no permitirá que entren en su territorio ni en sus aguas. No son ley. Son una declaración del Gabinete de 1967, y es precisamente eso lo que los hace fáciles de revisar en el plano jurídico y casi imposibles de tocar en el plano político. Los primeros ministros anteriores han estado en Hiroshima y han prometido mantenerlos en vigor. Takaichi describió el estado presente al decir que Japón mantenía los principios y que, como única nación que ha sufrido bombardeos atómicos en guerra, tenía la misión de continuar los esfuerzos para lograr un mundo libre de armas nucleares. Añadió que la creciente gravedad del entorno de seguridad no frenaría la búsqueda del desarme por parte del país, y pidió fortalecer el régimen del Tratado de No Proliferación Nuclear.
La distancia entre decir que los principios se mantienen y prometer seguir manteniéndolos es la noticia. Los medios japoneses lo interpretaron como deliberado. El Mainichi Shimbun interpretó la redacción como una descripción de cómo están las cosas hoy, sin promesa alguna sobre el mañana, lo que deja margen para revisar los principios cuando el Gobierno reescriba sus tres documentos de seguridad, entre ellos la Estrategia de Seguridad Nacional, antes de fin de año.
No es la primera vez que deja la puerta abierta. En noviembre, en una sesión de la Dieta, Takaichi calificó los principios de directriz de política en esta etapa y evitó comprometerse a mantenerlos en los documentos de estrategia en revisión. La organización de supervivientes de los bombardeos Nihon Hidankyo respondió con dureza, al afirmar que reabrir la cuestión rompería con la posición sostenida durante largo tiempo por el Gobierno e iría contra las expectativas de los supervivientes. Su ambigüedad anterior también le valió críticas desde Pekín.
Lo que está en juego no es abstracto. Una revisión de los principios, o incluso solo del tercero, tocaría el corazón de la identidad de posguerra de Japón: el único país bombardeado con armas nucleares que las renuncia por espíritu constitucional, mientras se ampara bajo el paraguas nuclear estadounidense. Los debates sobre la llamada compartición nuclear (albergar armas estadounidenses en una crisis) han aflorado en repetidas ocasiones, con más fuerza tras la invasión rusa de Ucrania. Todos los intentos anteriores murieron rápido. El último serio, un estudio del PLD en 2022, concluyó que albergar armas no serviría a ningún interés nacional y solo añadiría riesgo, y la idea quedó archivada. La política cruza las líneas partidarias: los grupos de supervivientes y la oposición defienden los principios como inamovibles, mientras que las voces conservadoras de su propio partido presionan desde hace tiempo por una lectura lo bastante flexible como para cubrir una crisis. Pero la cuestión de qué permite el principio de no introducción en una emergencia nunca se ha zanjado del todo, y la interpretación ya se ha estirado antes, sobre todo cuando un ministro de Exteriores dijo en 2010 que una emergencia grave podía justificar una escala nuclear en puerto.
En la ceremonia, Takaichi honró los 81 años transcurridos desde Hiroshima, se sumó a la multitud en el minuto de silencio y prometió un apoyo más rápido a los supervivientes de edad avanzada. Esos son los compromisos fáciles. El difícil, que los principios sobrevivan a la revisión de seguridad de fin de año de su Gobierno, se negó a asumirlo frente al cenotafio. La redacción lo decía todo: los principios se mantienen hoy. No dijo qué cambiaría, si es que algo cambiaría. La pregunta sobre el mañana quedó para que la respondieran los documentos y, también, la política.
Traducido por Alessandra

