
Kiev y Teherán abrieron esta semana un canal diplomático directo por primera vez desde que Ucrania atacara un buque iraní en el mar Caspio, un impacto que forja un vínculo directo entre dos guerras que antes transcurrían por carriles separados.
El ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, llamó a su homólogo iraní, Abbas Araghchi, el 28 de julio, tres días después de que un ataque con drones ucranianos alcanzara el buque de carga iraní Anna cerca de la desembocadura del río Volga. Un marinero murió. Varios resultaron heridos.
Sybiha advirtió a Irán contra una escalada. Irán ya había convocado al encargado de negocios de Ucrania en Teherán para presentar una protesta formal. Araghchi publicó en X que el ataque constituía una violación flagrante de la Carta de la ONU realizada por instigación de Israel y añadió que no podía quedar sin respuesta.
Ucrania ofrece una versión distinta. Su Servicio de Seguridad, el SBU, afirmó que el Anna transportaba componentes para drones y misiles desde Irán hacia Rusia. El embajador de Ucrania en Israel, Yevgen Korniychuk, sostuvo públicamente la misma acusación. Kiev lleva tiempo denunciando a Teherán como cómplice directo de la guerra rusa, señalando los drones Shahed que Irán comenzó a suministrar en 2022 y los misiles balísticos de corto alcance que, según la inteligencia occidental, Moscú ha recibido desde entonces.
Sybiha escribió en X que el régimen de Teherán era cómplice directo de la agresión rusa contra Ucrania, alimentando la guerra criminal de Moscú con armas que han matado a ucranianos desde 2022.
El ataque supone la primera vez que Ucrania golpea directamente un activo iraní. Hasta ahora, la guerra en Ucrania y la campaña liderada por Estados Unidos contra Irán transcurrían en paralelo, tocándose solo de manera indirecta a través del suministro de armas y las sanciones económicas. Eso ya no es así.
El mar Caspio ha servido como un corredor seguro para el comercio entre Rusia e Irán, una ruta que ayuda a Moscú a eludir las sanciones occidentales. Al atacar buques en esa zona, Ucrania intenta estrangular las líneas de suministro que mantienen en marcha la maquinaria bélica rusa. El SBU confirmó que también alcanzó una plataforma petrolera en el norte del Caspio, una lancha misilística rusa y buques de carga bajo sanciones internacionales en la misma operación.
Pero la maniobra conlleva riesgos. El exfuncionario de inteligencia ucraniano Ivan Stupak señaló sin rodeos que no era buena idea que Ucrania tuviera otro frente de batalla con Irán. Otros, como Olha Polishchuk del Proyecto de Datos sobre Eventos y Conflictos Armados, lo ven como una extensión lógica de la campaña ucraniana de largo alcance para presionar las redes de suministro rusas.
La llamada telefónica entre Sybiha y Araghchi sugiere que ambas partes desean mantener el incidente contenido, por ahora. Ni Ucrania ni Irán ganan nada con un segundo frente en el Caspio. Pero el umbral se ha cruzado, y las aguas que los separan no volverán a ser las mismas.
Traducido por Alessandra

