Japón vuelve a decir no a la bomba y no a la guerra de Washington

Japón es el único país del mundo que ha sido bombardeado con armas atómicas, y su pueblo no ha olvidado lo que eso significa. Una encuesta nacional difundida el domingo reveló que el 76 por ciento de los japoneses apoya mantener intactos los tres principios no nucleares, los compromisos de posguerra de no producir armas nucleares, no poseerlas y no permitir su entrada en el archipiélago. El mismo sondeo halló que el 77 por ciento se opone al intercambio nuclear (nuclear sharing), el acuerdo en virtud del cual se estacionarían ojivas estadounidenses en suelo japonés para su operación conjunta.

Las cifras se convierten en un veredicto cuando se comparan con lo que el gobierno de Tokio está haciendo en realidad.

Un gobierno que camina en sentido contrario

El gabinete de la primera ministra Sanae Takaichi ha pasado el último año empujando la política de defensa en la dirección opuesta a la opinión pública. En abril, el gobierno levantó la prohibición, vigente desde hacía décadas, de exportar armas letales, una ruptura con las reglas de exportación de posguerra que habían convertido a Japón en un caso aparte entre las grandes potencias. Se ha abierto el debate, en voz baja pero con insistencia, sobre la revisión de los propios principios no nucleares. El intercambio nuclear ha pasado de ser innombrable a ser objeto de conversación oficial dentro del partido gobernante.

Preguntados por la decisión sobre la exportación de armas, el 53 por ciento quería que se mantuviera la antigua prohibición o que se reexaminara la política, y el 36 por ciento dijo que incluso los países aliados deberían recibir solo equipo no letal. Sobre el intercambio nuclear, más de tres cuartas partes del país dicen que no. La respuesta del gobierno ha sido seguir invocando el entorno de seguridad.

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La guerra de al lado

Nueve de cada diez encuestados dijeron que se oponen a los ataques estadounidenses contra Irán y Venezuela. No es una encuesta sobre pacifismo abstracto. Se realizó mientras Estados Unidos bombardea Irán, mientras el estrecho de Ormuz es una zona de guerra y mientras el gobierno japonés ni apoya ni critica públicamente la campaña estadounidense.

La encuesta preguntó directamente cómo debería haber manejado Tokio el ataque de Estados Unidos contra Irán: el 44 por ciento dijo que el gobierno debería haber expresado su preocupación, mientras que el 34 por ciento consideró adecuada la respuesta neutral. Incluso entre quienes aceptaban la línea oficial, el malestar es evidente. Japón importa casi todo su petróleo a través de las mismas aguas que la guerra ha vuelto peligrosas, y su gobierno ha optado por permanecer junto al aliado que bombardea sin decir nada sobre las bombas.

La cuestión nuclear de fondo

La encuesta se realizó en junio y julio, meses en los que la palabra nuclear ha pasado de la historia a la actualidad. El 63 por ciento de los encuestados dijo ver una posibilidad real o considerable de que se utilicen armas nucleares en una guerra en los próximos diez años. Esa cifra ha bajado nueve puntos desde 2024, lo que sugiere que parte del pánico del período anterior se ha disipado, pero sigue siendo una mayoría del país que espera lo peor. Un tercio de los japoneses dice que el propio Japón podría verse arrastrado a una guerra.

El respaldo al TPAN, el tratado de las Naciones Unidas que prohíbe las armas nucleares, que Tokio ha boicoteado durante mucho tiempo para mantenerse alineado con Washington, se sitúa en el 55 por ciento, cinco puntos menos que hace un año. Entre los opositores, el 56 por ciento dijo que la adhesión no eliminaría realmente las armas nucleares. La primera conferencia de examen del tratado se celebra en noviembre, y la encuesta sugiere que el público japonés no ha abandonado la idea tanto como ha perdido la fe en que importaría.

La contradicción en el corazón de la política japonesa

La política de seguridad de posguerra de Japón descansa sobre una contradicción que el gobierno nunca ha resuelto: el país que renuncia a las armas nucleares depende para su supervivencia del arsenal nuclear de otro país. La disuasión extendida estadounidense es el escudo, y los principios no nucleares son el precio del consentimiento público. El gobierno de Takaichi parece creer que el escudo necesita ahora hacerse visible, lo que significa avanzar hacia el intercambio nuclear, lo que significa romper los principios, lo que significa pedir al público que acepte lo que el 77 por ciento rechaza.

La encuesta no dice que el gobierno no pueda hacerlo. Dice que el gobierno lo hará contra la voluntad declarada del pueblo en un país donde la memoria de Hiroshima y Nagasaki no es un punto de debate, sino una identidad nacional. El 86 por ciento de los encuestados calificó a Japón de nación pacífica. El sondeo, realizado por la organización encuestadora afiliada a Kyodo entre 3.000 adultos en junio y julio, sugiere que la reeducación no va bien.

Traducido por Alessandra

Fuentes

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