Inside Iran: Blackouts, 50°C Heat, and a Country Falling Apart

Antes de que empezaran a caer las bombas, el verano iraní ya era una crisis. El gobierno prometió que no habría apagones en 2026. Entonces llegó la guerra.

La temperatura en la provincia de Juzestán ha superado los 50 °C en los últimos días. Los residentes enfrentan cortes de energía programados de hasta cuatro horas – en una provincia que produce el doble de la electricidad que consume. En Ilam, temperaturas alrededor de 46 °C con apagones que duran cuatro horas. En Teherán, los ascensores dejan de funcionar en los bloques de apartamentos durante los apagones diurnos. Los ancianos, los enfermos y cualquiera que no pueda subir escaleras quedan atrapados.

Esta es la parte de la guerra que rara vez aparece en los titulares.

Un país sangrando por todos lados

La economía iraní ya cojeaba antes del 28 de febrero. El rial se había desplomado a más de 1,1 millones por dólar. La inflación superaba el 40 %. Las sanciones habían estrangulado la inversión extranjera. La infraestructura del régimen – red eléctrica, sistemas de agua, refinerías – ya se estaba deteriorando por años de falta de inversión.

Entonces comenzaron los ataques estadounidenses-israelíes. Y las cosas pasaron de malas a catastróficas.

Teherán estima que la guerra ha causado 270.000 millones de dólares en daños – aproximadamente el 57 % del PIB del país. Cada mes adicional de combates, dicen los analistas, hace retroceder la economía iraní cinco años. La red eléctrica, ya frágil, ha sido golpeada directamente. La autoridad eléctrica nacional admite un déficit de hasta 13.640 megavatios durante la demanda máxima – aproximadamente una sexta parte de lo que el país necesita.

El gobierno ha impuesto apagones rotativos en todo el país. El Ministerio de Industria ordenó un cierre nacional de la manufactura para conservar energía. El régimen ha estado intercambiando petróleo por electricidad con Turquía para mantener las luces encendidas – y aún así no es suficiente.

Daños de guerra sobre una podredumbre estructural

Los apagones no son un accidente de guerra. Son el resultado de años de abandono que la guerra ha expuesto y acelerado.

La capacidad instalada de energía de Irán parece respetable sobre el papel – más de 100.000 megavatios. Pero la producción real es mucho menor debido al envejecimiento de las plantas, la escasez de combustible y la falta de agua que afecta la generación hidroeléctrica. La demanda máxima de verano de casi 80.000 megavatios supera lo que la red puede realmente suministrar.

La guerra lo empeoró al golpear subestaciones, líneas de transmisión y sistemas de energía de respaldo. Pero la podredumbre ya estaba allí antes de la primera bomba.

Lo mismo ocurre con la economía. El régimen no podía alimentar a su pueblo ni crear empleos antes de la guerra. El conflicto simplemente ha hecho visible el colapso para el mundo exterior.

Civiles atrapados en el medio

Más de 1.700 civiles iraníes han muerto desde que comenzó la guerra. Esa cifra proviene de funcionarios iraníes y es casi con certeza un subregistro. Estados Unidos no publica sus propias estimaciones de bajas civiles.

Las personas que aún viven enfrentan una lucha diaria que no tiene nada que ver con la gran estrategia. Aumento de los precios de los alimentos. Sin aire acondicionado con 50 °C de calor. Infraestructura bombardeada que significa que incluso los servicios básicos están racionados.

Un informe de Al Jazeera de esta semana ofreció un resumen de una sola línea: “Las personas enfrentan presiones crecientes, incluidos el aumento del costo de vida, los cortes de electricidad y la infraestructura bombardeada”.

En un país donde el régimen pasó décadas preparándose para la guerra – construyendo instalaciones nucleares subterráneas, acumulando misiles, financiando proxies en todo Medio Oriente – no preparó a su propio pueblo para la realidad de una.

Irán entró en esta guerra con una economía debilitada, una red envejecida y una población que ya protestaba en las calles. Ha salido con una factura de 270.000 millones de dólares, una infraestructura destrozada y una población que todavía espera un verano sin oscuridad.

Traducido por Alessandra

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