
La breve pausa en la guerra contra Irán terminó el miércoles. Irán lanzó misiles balísticos contra fuerzas estadounidenses en Jordania y Oriente Medio. Las defensas aéreas jordanas interceptaron cinco de ellos. Horas después, aviones de combate estadounidenses y saudíes atacaron objetivos en el este de Irak vinculados a milicias respaldadas por Irán. Al menos 20 combatientes murieron.
La escalada rompió cinco días de relativa calma, un periodo en el que los mediadores habían reportado algunos avances en las negociaciones para poner fin a una guerra que comenzó el 28 de febrero con ataques estadounidenses e israelíes contra Irán. El detonante inmediato parece ser una confluencia de señales militares y políticas: la acumulación de activos estadounidenses en Israel, la reunión entre Trump y Netanyahu en Washington el martes y el deseo de Irán de demostrar que aún puede atacar.
Jason Campbell, del Instituto de Oriente Medio, declaró a Al Jazeera que existían varias motivaciones para que Irán hubiera elegido este momento para reanudar los ataques. Entre ellas, enviar un mensaje de que Teherán conserva la capacidad de golpear a las fuerzas estadounidenses a pesar de meses de bombardeos y poner a prueba la nueva postura de las fuerzas de EE. UU. en la región.
El Ejército jordano informó de que sus defensas aéreas interceptaron y destruyeron cinco misiles lanzados desde Irán. La Guardia Revolucionaria iraní afirmó que su Fuerza Aeroespacial lanzó misiles balísticos contra la base aérea Muwaffaq Salti y el cuartel general del Mando Central de EE. UU. en Jordania. El Ejército estadounidense aseguró que había interceptado con éxito todos los misiles en lo que describió como un intento de ataque sorpresa contra las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio.
En el frente iraquí, el Mando Central de EE. UU. afirmó que había atacado múltiples instalaciones logísticas y de almacenamiento de armas de terroristas en el este de Irak en respuesta a más de 30 ataques con drones dirigidos por la Guardia Revolucionaria Islámica en las 72 horas anteriores. Arabia Saudí confirmó su participación y advirtió de que no busca una escalada pero que responderá a cualquier agresión. Las Fuerzas de Movilización Popular, la coalición de grupos armados respaldados por Irán nominalmente bajo mando iraquí, indicaron que al menos 20 combatientes murieron y 32 resultaron heridos.
Irán también contraatacó en el estrecho de Ormuz. La Guardia Revolucionaria anunció que había atacado y confiscado tres petroleros que intentaban cruzar la vía fluvial estratégica, que Irán ha cerrado de facto desde el inicio de la guerra. La medida recuerda que, aunque las fuerzas estadounidenses y aliadas puedan interceptar misiles, no pueden asegurar por completo el punto de estrangulamiento energético más importante del mundo sin controlar la costa en ambos lados.
Las consecuencias económicas fueron inmediatas. El crudo Brent subió un 3,1 por ciento hasta los 84,58 dólares por barril. El repunte se produce en un momento en que los costes de la guerra ya se están acumulando: cuatro soldados estadounidenses han muerto en las últimas semanas, el Pentágono pide más fondos a un Congreso escéptico, y los precios del petróleo y la inflación están aumentando en todo el mundo.
El trasfondo político es relevante. Trump se reunió con Netanyahu el martes, su primer encuentro cara a cara desde que iniciaron la guerra juntos. La reunión no produjo ningún avance visible sobre cómo poner fin al conflicto. En su lugar, los combates se reanudaron en cuestión de horas, como para recordar a ambos líderes que las guerras tienen su propia lógica y que las pausas, por bienvenidas que sean, no son finales.
Traducido por Alessandra

