
La guerra entre Estados Unidos e Irán no es un solo conflicto. Es una cascada. Cada vez que un frente se aquieta, otro se enciende en alguna otra parte.
El último brote se ha producido en el mar Rojo. Las fuerzas hutíes respaldadas por Teherán en Yemen lanzaron misiles y drones contra dos de las instalaciones petroleras más estratégicas de Arabia Saudí en la costa: la refinería de Jizán y la terminal de exportación de Yanbu. El portavoz militar hutí, Yahya Saree, reivindicó la autoría del ataque. Una gran columna de humo se observó alzándose sobre Jizán. En Yanbu, una batería Patriot operada por Grecia interceptó dos misiles balísticos dirigidos contra las instalaciones petroleras.
Los hutíes habían declarado un bloqueo naval de Arabia Saudí una semana antes. Riad respondió lanzando ataques aéreos contra la ciudad portuaria de Hudeida, controlada por los hutíes. Ahora los dos adversarios han vuelto al enfrentamiento directo por primera vez desde que una tregua puso fin a la intervención militar saudí en la guerra civil de Yemen en 2022. Esa tregua se ha derrumbado por completo.
El momento no es casual. Estados Unidos pausó su campaña de bombardeos contra Irán el viernes, después de 13 noches consecutivas de ataques. Pero la pausa solo cubre las hostilidades directas entre EE. UU. e Irán. Los proxies de Irán no están en pausa.
Los hutíes son la más capaz de las milicias aliadas de Irán. A diferencia de Hezbolá, que está inmovilizado por la invasión israelí del sur del Líbano, los hutíes controlan amplias extensiones de territorio y pueden amenazar el tráfico marítimo en el estrecho de Bab el-Mandeb, la entrada sur del mar Rojo. Si tanto Bab el-Mandeb como el estrecho de Ormuz quedaran bloqueados, las cadenas mundiales de suministro de petróleo sufrirían un golpe mucho peor que todo lo visto hasta ahora.
Arabia Saudí queda atrapada en medio. Es aliada de Estados Unidos, exportadora de petróleo y el país del Golfo más expuesto a las represalias hutíes. Además, comparte fronteras marítimas con Irán a través del Golfo. Riad ha tratado de mantenerse al margen de la guerra entre EE. UU. e Irán, pero la geografía y la alianza con los hutíes lo hacen imposible.
La lógica en cascada de esta guerra es simple: EE. UU. e Israel atacaron Irán en febrero. Irán atacó el transporte marítimo en Ormuz. EE. UU. bombardeó Irán durante 13 noches. EE. UU. hizo una pausa. Los proxies de Irán escalaron en otros lugares. No hay una salida visible, solo el próximo frente.
Traducido por Alessandra

