La geopolítica de la ciencia: 50 años de datos revelan cómo impactos como Chernóbil y el COVID reconfiguran la investigación global

A menudo se presenta la ciencia como una empresa universal, guiada por la curiosidad y la lógica más que por la política. Pero un nuevo y amplio análisis cuantitativo de aproximadamente 80 millones de publicaciones desde 1970 hasta 2023 cuenta una historia diferente, una en la que los impactos geopolíticos, las prioridades nacionales y las profundas desigualdades estructurales entre el Norte y el Sur global moldean qué se estudia, quién lo estudia y para quién.

El artículo, publicado en arXiv por investigadores del CNRS (París), la Universidad París Citè y la Universidad de Montpellier, utiliza la base de datos OpenAlex para rastrear la evolución de los perfiles de investigación nacionales a lo largo de cinco décadas. Los autores, Irina Vorobeva, Maxime Lenormand, Germana Berlantini y Floriana Gargiulo, aplican herramientas de la teoría de la información y la ciencia de redes para medir cómo han cambiado las huellas científicas de los países con el tiempo.

Puntos de inflexión

El análisis identifica tres grandes impactos exógenos que reconfiguraron sincrónicamente las prioridades globales de investigación.

El desastre de Chernóbil (1986) produjo un cambio brusco pero geográficamente limitado, concentrando la atención investigadora en la física nuclear, la toxicología y la hematología en la Unión Soviética, Europa Occidental y Japón. El efecto fue relativamente breve, durando aproximadamente dos años.

El 11 de septiembre de 2001 desencadenó una reorganización más amplia y duradera. La investigación en ingeniería eléctrica, redes informáticas, procesamiento de señales e inteligencia artificial aumentó en aproximadamente 40 naciones, un cambio que, según los autores, revirtió efectivamente el “invierno de la IA” de los años 1990 al inyectar financiación sostenida relacionada con la defensa. El efecto se concentró en los países occidentales y aliados de EE. UU.; China y Rusia no participaron en esta reorientación.

El COVID-19 produjo el impacto más difuso geográficamente. Las prioridades de investigación se desplazaron globalmente hacia el modelado de enfermedades infecciosas, la química ambiental (para estudios de transmisión por aerosoles) e incluso la arquitectura (para ventilación y diseño de edificios). Notablemente, Estados Unidos estuvo ausente de la lista de países que mostraron los mayores cambios impulsados por la pandemia, un hallazgo que los autores atribuyen a la cartera de investigación ya amplia y diversificada de EE. UU., lo que hizo que su reorientación relativa fuera menor que la de países más especializados.

El artículo utiliza una métrica de distancia Wasserstein arbórea, una herramienta matemática tomada de la teoría del transporte óptimo, para detectar reorganizaciones estructurales que persisten más allá de los cambios superficiales. Esto reveló que la reconfiguración del COVID-19, aunque la más reciente, ya ha impulsado cambios en los perfiles de investigación nacionales que superan a los del 11-S en profundidad y amplitud geográfica.

Huellas nacionales

Más allá de los cambios impulsados por los impactos, el análisis revela “huellas nacionales” persistentes, la distribución relativa única de la producción científica de cada país entre disciplinas. Los investigadores miden la distancia entre estas huellas mediante la divergencia de Jensen-Shannon, rastreando qué países convergen hacia una agenda global compartida y cuáles mantienen prioridades locales distintivas.

Estados Unidos muestra un perfil de investigación notablemente estable durante cinco décadas, aparte del cambio del 11-S, un reflejo de su papel como superpotencia científica dominante con una cartera amplia y diversificada. Rusia muestra cambios abruptos que coinciden con la disolución de la Unión Soviética en 1991 y nuevamente en 2014 y 2021. El perfil de China cambia periódicamente, alineándose con sus ciclos de planificación quinquenal. Brasil experimentó una reorientación significativa en 2007, coincidiendo con la política científica PACTI del presidente Lula que expandió la financiación de la investigación.

Globalización desigual

El hallazgo más llamativo se refiere a la brecha persistente entre el Norte y el Sur global. Si bien la proporción nacional de publicaciones ha disminuido globalmente, reflejando el auge de la colaboración internacional, el patrón es profundamente desigual.

Para la mayoría de los países del Sur global, las colaboraciones internacionales dominan su producción de publicaciones, y el contenido de esos artículos internacionales difiere marcadamente del contenido de su investigación nacional. Los recursos intelectuales del Sur, sostienen los autores, se movilizan para agendas definidas externamente. Invoican el concepto de “extraversión científica”, un término del filósofo beninés Paulin Hountondji, para describir cómo la producción internacional de los investigadores del Sur está moldeada más por las prioridades de sus socios del Norte que por las necesidades o tradiciones locales.

Un pequeño número de países muestra signos de lo que los autores llaman “emancipación científica”, Indonesia, Irán y Marruecos han aumentado su proporción de publicaciones nacionales mientras reducen la divergencia entre sus perfiles de investigación nacionales e internacionales. Pero estas son excepciones.

Un futuro policéntrico

El análisis también rastrea qué perfiles de investigación de países son emulados por otros, lo que los autores llaman “redes de aspiración”. Utilizando la centralidad de PageRank (el mismo algoritmo que Google usa para clasificar páginas web), encuentran que la centralidad de China ha aumentado drásticamente desde 2000, mientras que la de Japón, Rusia y las principales potencias europeas ha disminuido. Brasil, India e Indonesia están en ascenso. El antiguo núcleo occidental unipolar está dando paso a una estructura policéntrica.

El análisis del modelo de gravedad confirma la tendencia: en 1983, los mayores productores de investigación tenían los perfiles más similares, un núcleo compacto dominado por Occidente. En 2023, los mayores productores estaban más distantes entre sí, lo que sugiere una creciente polarización científica global.

El artículo está disponible en arXiv bajo una licencia CC BY 4.0.

Divulgación: Basado en un preprint de arXiv que no ha sido revisado por pares.

Traducido por Alessandra

Fuentes

[1] Vorobeva, I., Lenormand, M., Berlantini, G., & Gargiulo, F. “The geopolitics of knowledge: tipping points, national fingerprints, and the unequal globalization of science.” arXiv:2607.08512 (2026). https://arxiv.org/abs/2607.08512

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