Fujimori devuelve la presidencia de Perú al apellido familiar y a una cuerda floja entre Estados Unidos y China

Keiko Fujimori asumió la presidencia de Perú el martes, regresando al poder a la familia política más influyente del país después de 26 años y heredando un acto de equilibrio geopolítico que definirá su mandato.

Fujimori, hija del fallecido hombre fuerte Alberto Fujimori, quien gobernó en la década de 1990, ganó la segunda vuelta de junio por una fracción de punto porcentual: 50,1% frente a 49,9%. Su oponente no ha reconocido la derrota. Se convierte en la décima presidenta de Perú desde 2016, una muestra de la inestabilidad que le espera.

En el ámbito interno, prometió una agenda de mano dura contra el crimen: más videovigilancia, mayor presencia policial y megacárceles inspiradas en las de El Salvador. Perú ha sido golpeado por el crimen organizado, los escándalos de corrupción política y una puerta giratoria de presidentes de corta duración.

Pero el mayor desafío es la política exterior. Perú se ha convertido en un campo de batalla clave en la competencia entre Estados Unidos y China por la influencia en Sudamérica, y el punto de apoyo es un megapuerto de construcción china en Chancay.

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El puerto de Chancay, valorado en 3,5 mil millones de dólares y parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, abrió en 2024 y ya transformó las rutas comerciales. El tiempo de envío entre Perú y China se redujo de 40 a 23 días. El comercio bilateral superó los 40.000 millones de dólares en 2024, lo que convierte a China en el mayor socio comercial de Perú por amplio margen. Estados Unidos ocupa el segundo lugar con 25.000 millones de dólares.

El profesor de Georgetown Michael Shifter, en declaraciones a DW, señaló que Estados Unidos busca expandir su influencia y que la competencia entre Pekín y Washington es especialmente evidente en Perú.

Fujimori hizo campaña con una plataforma pro Washington. Se alineó con la iniciativa «Escudo de las Américas» de Trump contra el crimen organizado y anticipó una postura de política exterior más dura. Pero también afirmó que rechaza la alineación automática con cualquier potencia y que desea una posición estratégicamente equilibrada.

El equilibrio podría resultar imposible. Fujimori no puede permitirse alienar a China: el puerto de Chancay goza de un amplio apoyo en Perú y la inversión china fluye hacia la minería, la infraestructura y la energía. Una ruptura con Pekín no sería realista, según señaló un analista.

Al mismo tiempo, Trump dejó claro que espera lealtad de los gobiernos latinoamericanos. La participación de Perú en el Escudo de las Américas busca señalar esa cercanía, pero también corre el riesgo de involucrar a Lima más profundamente en la agenda geopolítica de Washington.

El padre de Fujimori realizó su primer viaje a Pekín en 1991, sentando las bases de una relación sino-peruana que ahora vincula económicamente al país con China. Su hija debe ahora gestionar ese legado mientras mantiene satisfecho a Washington. El margen de error es más estrecho que el recuento de votos que la llevó al cargo.

Traducido por Alessandra

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