
La Revolución Verde salvó mil millones de vidas. También hizo que las personas estuvieran peor alimentadas.
Esa incómoda compensación, el rendimiento a expensas de la calidad nutricional, es el punto de partida de una extensa revisión publicada en Nature el 24 de junio. Quince científicos vegetales de 14 instituciones de Europa, África, Asia y Estados Unidos sostienen que las herramientas para solucionar el problema ya existen, pero deben desplegarse juntas, no por separado.
La revisión, liderada por Dominique Van Der Straeten de la Universidad de Gante y Alisdair R. Fernie del Instituto Max Planck de Fisiología Molecular Vegetal, está estructurada en torno a lo que los autores denominan el triple desafío: aumentar los rendimientos, incrementar la densidad nutricional y desarrollar resiliencia climática, todo a la vez, en los mismos cultivos básicos que alimentan a miles de millones.
Hambre oculta
Más de 700 millones de personas viven con hambre calórica, no tienen suficiente comida para cubrir sus necesidades energéticas básicas. Pero un número mucho mayor, más de dos mil millones, sufren deficiencias de micronutrientes: vitaminas y minerales insuficientes en su dieta diaria. Esto es el “hambre oculta”, invisible en los recuentos de calorías pero medible en las tasas de anemia, ceguera por deficiencia de vitamina A, defectos del tubo neural por falta de folato y desarrollo cognitivo atrofiado por falta de yodo o zinc.
La Revolución Verde empeoró involuntariamente el problema. Los programas de mejoramiento se optimizaron para el rendimiento por hectárea, no para el contenido nutricional por grano. Como resultado, las variedades de alto rendimiento que ahora dominan la agricultura global contienen aproximadamente las mismas concentraciones de micronutrientes que sus predecesoras de menor rendimiento, lo que significa que una población que obtiene más de sus calorías de estos alimentos básicos recibe menos micronutrientes por comida.
El cambio climático está agravando el daño. El aumento del dióxido de carbono atmosférico, la sequía y la salinidad del suelo reducen las densidades de micronutrientes en los cultivos básicos. Un experimento FACE (Free-Air CO₂ Enrichment) de 2018 encontró que el arroz cultivado con las concentraciones proyectadas de CO₂ tenía concentraciones significativamente reducidas de proteína, hierro y zinc.
Las herramientas
La revisión cataloga un conjunto de herramientas genéticas en rápida expansión. La edición genómica CRISPR-Cas es la tecnología estrella, ediciones precisas que incluyen eliminación de genes, edición de promotores, edición de uORF y edición múltiple. La edición de bases y la edición prima permiten cambios de un solo nucleótido e inserciones cortas sin roturas de doble cadena. Los editores PrimeRoot (Sun et al., 2024) y la integración asistida por transposasa (Liu et al., 2024) permiten la inserción precisa de grandes secuencias de ADN.
Pero CRISPR solo no es suficiente. Los autores sostienen que debe integrarse con la ingeniería metabólica transgénica, la acumulación de rutas multigénicas que produjo el arroz dorado (provitamina A, Ye et al., 2000), el arroz enriquecido con folato que alcanza la ingesta diaria recomendada en una sola porción (Blancquaert et al., 2015), los tomates con vitamina D₃ mediante CRISPR (Li et al., 2022) y la lechuga multivitamínica editada con CRISPR que aporta ascorbato, β-caroteno y zeaxantina (Livneh et al., 2025).
Otras tecnologías en el conjunto incluyen FIND-IT (descubrimiento acelerado de rasgos mediante mutagénesis inducida), ingeniería cromosómica para desbloquear la variación genética oculta y domesticación de novo acelerada por CRISPR de parientes silvestres, por ejemplo, la ingeniería del arroz alotetraploide desde cero. La pan-genómica en cebada, yuca y arroz está revelando variantes estructurales a las que los programas de mejoramiento nunca han podido acceder.
El cuello de botella regulatorio
La ciencia se está acelerando. El cuello de botella es la aprobación. Muchos de los cultivos biofortificados más prometedores, arroz dorado, trigo alto en zinc, arroz enriquecido con folato, han estado listos durante años pero permanecen atascados en vías regulatorias que tratan a los cultivos editados genómicamente de manera diferente a los obtenidos por mejoramiento convencional. El panorama regulatorio varía ampliamente según el país, y los autores señalan que el sistema actual fue diseñado para una generación anterior de tecnologías genéticas.
El plazo para lograr el Hambre Cero en el marco del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2, 2030, está ahora a cuatro años. “Dado el marco de tiempo limitado,” escriben los autores, “sostenemos que las tecnologías CRISPR-Cas deberían combinarse con la ingeniería metabólica basada en la transformación y otras tecnologías.”
No secuencialmente. Simultáneamente.
Fuente: Van Der Straeten D, Bulut M, Cao D, et al. Genetic technologies to enhance crop nutritional value under climate change. Nature. 2026;654:877-891. doi:10.1038/s41586-026-10593-6

