
Beijing ha establecido por primera vez una presencia regular de guardacostas en aguas al este de Taiwán, expandiendo silenciosamente su cerco marítimo alrededor de la isla mediante una campaña de zona gris programada para maximizar la influencia antes de la próxima cumbre Trump-Xi.
La medida comenzó a principios de junio, cuando China desplegó embarcaciones de la Guardia Costera para realizar patrullajes independientes de aplicación de la ley en aguas que tradicionalmente se han considerado la zona de retaguardia de Taiwán, un área de baja presión donde Beijing no había reivindicado previamente reclamos jurisdiccionales directos. A principios de julio, los patrullajes se habían vuelto rutinarios, incluyendo inspecciones de embarcaciones y operaciones de protección pesquera.
Las cifras muestran el cambio. Entre enero y mayo, un promedio de aproximadamente un buque oficial chino, en su mayoría de la Guardia Costera, operaba diariamente alrededor de Taiwán. Después del 1 de junio, ese promedio saltó a 5,2 y alcanzó los 10 buques el 9 de junio. El aumento es aún más llamativo porque se produjo durante un período en que la actividad de aeronaves militares alrededor de Taiwán se mantuvo generalmente estable.
La Guardia Costera de China fue transferida al mando de la Policía Armada Popular bajo la Comisión Militar Central en 2018, adquiriendo capacidades militarizadas mientras mantenía una etiqueta de aplicación de la ley. Este carácter dual la convierte en una herramienta ideal de zona gris: aplica presión sostenida sin cruzar el umbral de la guerra.
La sincronización de Beijing es estratégica. Filipinas y Japón anunciaron negociaciones formales a finales de mayo para delimitar sus zonas económicas exclusivas y plataformas continentales, aguas que se superponen sustancialmente con el área al este de Taiwán. Al desplegar allí la Guardia Costera, China está estableciendo hechos sobre el agua antes de que se concreten los acuerdos fronterizos.
Se esperan dos reuniones más entre Trump y Xi en 2026, una visita de Xi a Estados Unidos en septiembre y la cumbre de la APEC en noviembre. Beijing considera a Trump un negociador que respeta la influencia y está dispuesto a pagar por ella. Los despliegues de guardacostas son una forma de influencia: cuanto más tiempo espere Washington para anunciar un paquete de venta de armas a Taiwán por valor de 14 mil millones de dólares, un paquete que la Casa Blanca ha retrasado dos veces para evitar descarrilar las cumbres, más profunda se vuelve la presencia marítima de China.
The Diplomat informó que Beijing estaba impaciente por consolidar su presencia al este de Taiwán porque eventos posteriores podrían dar a China un pretexto para interceptar embarcaciones con destino a Taiwán bajo el pretexto de cuarentena y aplicación de la ley.
Los patrullajes expandidos también ponen a prueba la estrategia estadounidense de la primera cadena de islas en un momento en que los recursos militares estadounidenses están fuertemente comprometidos en el conflicto con Irán. La respuesta más realista de Washington, según los analistas, es trabajar entre bastidores presionando a Tokio y Manila para que fortalezcan su cooperación en seguridad, un proceso lento que China está explotando en tiempo real.
Traducido por Alessandra

