
La sabiduría convencional sostiene que el cerebro humano no puede realizar múltiples tareas verdaderamente. Lo que se siente como hacer dos cosas a la vez es, en realidad, un cambio rápido de tareas: la corteza prefrontal solo puede atender conscientemente una tarea exigente a la vez. Este límite, conocido como el “cuello de botella frontal”, es una restricción fundamental de la cognición humana.
Pero un nuevo estudio de la Universidad de Georgetown, publicado en el Journal of Cognitive Neuroscience, revela que el cerebro puede aprender a escapar de este cuello de botella. Con suficiente práctica, decenas de miles de ensayos durante semanas, el circuito neuronal de una tarea puede ser reubicado de la corteza prefrontal a regiones especializadas en el lóbulo temporal, liberando la corteza frontal para manejar otras tareas simultáneamente.
“Nuestro trabajo muestra que la experiencia remodela el cerebro para evitar ese cuello de botella frontal”, dijo el autor principal Maximilian Riesenhuber, profesor de neurociencia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Georgetown. “La corteza prefrontal entonces permanece libre para lo que sea que quieras hacer, aumentando tu capacidad.”
Treinta mil ensayos de entrenamiento
El estudio, dirigido por Patrick H. Cox (ahora en la Universidad de Lehigh), utilizó un diseño longitudinal intensivo. Treinta y un participantes fueron entrenados durante 5 a 10 semanas en una aplicación de teléfono inteligente para categorizar imágenes de automóviles en escala de grises morfeadas en dos categorías arbitrarias, “SOVOR” o “ZUPUD”, una tarea sutil de discriminación visual que requería identificar en qué lado de un límite de morfeo del 50% caía cada imagen. El entrenamiento progresó a través de niveles de dificultad creciente; los participantes debían alcanzar al menos un 90% de precisión para avanzar.
El régimen completo de entrenamiento involucró más de 30,000 ensayos. Catorce participantes completaron todas las fases, y 11 (8 mujeres, edad promedio 23.4 años) proporcionaron datos de neuroimagen utilizables. Cada participante se sometió a resonancia magnética funcional y electroencefalografía en dos momentos: una vez después del aprendizaje inicial (aproximadamente 6,000 ensayos durante 1 a 2 semanas) y nuevamente después del entrenamiento intensivo (los 30,000 ensayos completos durante 5 a 10 semanas).
Del control frontal a la percepción automática
En la primera sesión de escaneo, después del aprendizaje inicial, la tarea de categorización activaba fuertemente la corteza prefrontal, la firma clásica del procesamiento controlado y esforzado. La corteza ventral occipito-temporal (vOTC), una región especializada en el reconocimiento visual de objetos, respondía a la forma física de las imágenes pero no era selectiva para la pertenencia a categorías.
Después del entrenamiento intensivo, el panorama había cambiado drásticamente. Habían surgido respuestas selectivas de categoría en la vOTC que no estaban presentes antes: la región ahora señalaba si una imagen era “SOVOR” o “ZUPUD”, no solo cómo se veía. La conectividad funcional se había desplazado: la vOTC mostraba un acoplamiento disminuido con la corteza prefrontal y un acoplamiento aumentado con las áreas de salida motora.
El locus neural de la categorización se había movido de un circuito controlado dependiente de la corteza prefrontal a un circuito simplificado de percepción-acción que va desde el sistema visual directamente a la salida motora, evitando completamente el cuello de botella frontal.
“Esto no es solo aceleración”, explicó Riesenhuber. “Es un cambio genuino en la arquitectura neuronal.”
Verdadera multitarea, no cambio rápido
Para probar si este cambio neural realmente permitía el procesamiento en paralelo, los investigadores dieron a los participantes una prueba de doble tarea: realizaban la categorización de automóviles mientras llevaban a cabo simultáneamente una segunda tarea no relacionada. El hallazgo crítico fue una correlación: cuanto más se había descargado la tarea de los automóviles de la corteza prefrontal, medida como la disminución en la conectividad vOTC-prefrontal, mejor era el rendimiento de los participantes en la segunda tarea.
Esta correlación es la firma del verdadero procesamiento en paralelo. Si los participantes simplemente estuvieran cambiando rápidamente entre tareas, no existiría tal correlación. En cambio, las dos tareas se ejecutaban en circuitos neuronales separados al mismo tiempo.
Los autores tienen cuidado de señalar los límites del efecto. Las tareas que comparten la misma modalidad sensorial, por ejemplo, enviar mensajes de texto mientras se conduce, ambas consumen recursos visuales, no pueden paralelizarse porque compiten por los mismos canales de entrada. Solo las tareas que pueden ser enrutadas a través de circuitos neuronales completamente separados pueden ejecutarse en paralelo.
Implicaciones para la experiencia, los hábitos y la seguridad
El estudio ayuda a explicar cómo los expertos, radiólogos que detectan tumores en segundos, observadores de aves que identifican especies de un vistazo, grandes maestros de ajedrez que evalúan posiciones casi instantáneamente, pueden realizar categorizaciones rápidas y precisas con un esfuerzo consciente mínimo. El cerebro ha descargado la habilidad a circuitos especializados de la corteza temporal que operan automáticamente, dejando la corteza prefrontal disponible para otras demandas.
También arroja luz sobre por qué los hábitos profundamente aprendidos, incluidos los comportamientos compulsivos, son tan resistentes al control consciente. Una vez que un comportamiento está codificado en los circuitos de la corteza temporal, el razonamiento y la fuerza de voluntad (funciones prefrontales) tienen acceso limitado al mismo. Las estrategias de “pensar en otra cosa” fallan precisamente porque el hábito está siendo ejecutado por regiones cerebrales que no responden a la corteza prefrontal.
Las limitaciones del estudio incluyen una muestra final pequeña de 11 participantes y una alta tasa de deserción típica de los estudios longitudinales intensivos. La tarea era artificial, imágenes de automóviles morfeadas con etiquetas de categoría arbitrarias, y el grado en que los hallazgos se generalizan a la experiencia del mundo real queda por probarse. Los autores identifican las señales celulares y moleculares que desencadenan la reubicación de la corteza prefrontal a la corteza temporal como la próxima gran pregunta de investigación.
Traducido por Alessandra
Source: Cox, P.H., Scholl, C.A., Laws, M.L., Jaimes, N.E., Jiang, X. & Riesenhuber, M. “Extensive Experience Remodels Neural Task Circuitry to Escape the Frontal Bottleneck and Increase Automaticity of Categorization.” Journal of Cognitive Neuroscience (2026). DOI: 10.1162/JOCN.a.2618

