
Los sistemas de IA generativa que se hacen pasar por seres queridos fallecidos pueden brindar consuelo genuino a los dolientes, incluso cuando los chatbots inventan detalles biográficos sobre las personas que pretenden representar, un hallazgo que sorprendió a los propios investigadores.
El estudio, presentado en la Conferencia Designing Interactive Systems (DIS) 2026 y publicado en sus actas, pidió a 16 voluntarios que conversaran con “fantasmas” generados por IA de personas que habían perdido. Cada participante completó una breve encuesta sobre su ser querido que cubría personalidad, intereses y recuerdos compartidos, y los investigadores construyeron un chatbot simple a partir de esa información limitada.
El resultado: todos los participantes calificaron la experiencia como positiva.
“Sentí como si realmente estuviera hablando con mi abuelo”, dijo un participante.
Otro dijo: “Siento que estoy obteniendo el cierre que tanto necesitaba”.
La precisión no es lo importante
El hallazgo más sorprendente puede ser lo que a los participantes no les importó. Los chatbots, trabajando con datos mínimos, inventaban rutinariamente detalles biográficos. Creaban trabajos, pasatiempos y anécdotas sin dudarlo. Los participantes apenas lo notaban, y cuando lo notaban, no les molestaba.
“Les encanta esta tecnología”, dijo Jack Manning de la Universidad de Colorado Boulder, autor principal del estudio, quien se describió a sí mismo como “muy sorprendido” por el resultado.
Lo que sí molestaba a los participantes era la falta de coincidencia en el tono. Un bot llamó “campeón” a un participante, un apodo que el participante dijo que su ser querido nunca habría usado. El chatbot tampoco usaba emojis, un detalle importante para los participantes que habían intercambiado mensajes de texto con frecuencia con el fallecido. Los errores de tono arruinaban la experiencia de maneras que los errores fácticos no lo hacían.
Manning ofreció una explicación: “Tengo una versión de mi hermana en mi cabeza. No querría enfrentarme al hecho de que tal vez estoy equivocado en mi forma de recordarla”.
La implicación es que los fantasmas de IA no triunfan por replicar la verdad objetiva sobre una persona, sino por cumplir con las expectativas emocionales y sociales. El papel de la tecnología no es tanto la simulación precisa sino la creación de un espacio para la relación continua, una extensión digital de las conversaciones internas que muchas personas ya tienen con sus muertos.
Salvaguardas en el estudio
El experimento se realizó bajo condiciones cuidadosamente controladas. Cada respuesta del chatbot fue revisada por un investigador humano antes de mostrarse al participante. Esto aseguraba que incluso si el bot producía algo potencialmente dañino, como un recordatorio crudo de la muerte o una promesa que no podía cumplirse, una persona real lo interceptaba.
El panorama comercial está mucho menos regulado. Cualquier persona puede pedirle a un chatbot que se haga pasar por una persona específica. Las empresas ya venden recreaciones de IA con voces sintetizadas y rostros animados. No existen salvaguardas consistentes entre estos productos.
Los propios participantes reconocieron los riesgos. Uno se preguntó si podría volverse “demasiado dependiente” del bot. Otro dijo: “No sé si me gustaría la persona en la que me convertiría si siguiera usando esto”.
Un camino ético a seguir
Tomasz Hollanek, un experto en ética de IA de la Universidad de Cambridge que no participó en el estudio, dijo que la investigación proporciona un punto de partida valioso: “Si queremos entender cómo diseñar estos sistemas de manera ética, necesitamos más evidencia de este tipo”.
La tensión ética clave es sencilla. La tecnología para el duelo que realmente ayuda a las personas no es inherentemente mala. El propio Manning describió su visión como suavizada por los resultados, viendo “una versión de los fantasmas generativos que podría ser algo realmente positivo en el mundo”. Pero la misma tecnología, implementada sin salvaguardas, podría profundizar el dolor, distorsionar la memoria o crear dependencias poco saludables.
El estudio sugiere que un diseño cuidadoso,mediación humana, transparencia sobre las limitaciones del sistema y atención al tono por sobre la precisión fáctica, podría inclinar la balanza hacia el beneficio.
Por ahora, la investigación abre una ventana a una pregunta que se volverá más urgente a medida que los compañeros de IA se vuelvan más convincentes: si una conversación con una persona muerta no puede ser real pero se siente real, ¿ese consuelo vale la pena aceptarlo, o es un riesgo contra el que hay que protegerse?
Referencia: Manning, J. et al. (2026). “Designing conversations with the dead: How people engage with generative ghosts.” Proceedings of the 2026 Designing Interactive Systems Conference. DOI: 10.1145/3800645.3813090
Artículo de prensa: Hulick, K. (2026). “AI ‘ghosts’ can comfort mourners, even when the bots get the facts wrong.” Science News. Disponible en: sciencenews.org
Traducido por Alessandra

