
Ucrania tiene una teoría de la victoria. No implica recuperar todo el territorio ocupado en una sola batalla decisiva. Se trata de hacer que Rusia sea incapaz de continuar la guerra.
La estrategia, desarrollada por el exministro de Defensa Andriy Zagorodnyuk y expuesta en un documento de la Carnegie Endowment de 2025, se basa en tres ejes: cortar las líneas de suministro a Crimea, estrangular el presupuesto de guerra de Putin destruyendo infraestructura petrolera, y apuntar a las cadenas de suministro de la industria de defensa rusa para interrumpir la producción de armas de precisión.
El objetivo final es un “puercoespín de acero”, una Ucrania que pueda mantener a raya a Rusia indefinidamente, sin necesariamente liberar cada centímetro de tierra ocupada.
Por primera vez desde que comenzó la guerra, hay evidencia de que la estrategia podría estar funcionando.
La campaña petrolera
El centro de la estrategia de Ucrania es la destrucción sistemática de la capacidad de refinación de petróleo de Rusia. Los ingresos del petróleo y el gas proporcionan aproximadamente el 30% de los ingresos estatales rusos, unos 120 mil millones de dólares en 2024, con el 85% proveniente del petróleo crudo.
Ucrania ha lanzado 194 ataques contra infraestructura petrolera rusa desde enero de 2026, 11 veces más que en el mismo período de 2025. Solo en mayo, 16 refinerías fueron alcanzadas. En junio, Ucrania atacó 11 refinerías y ocho plantas de defensa en un solo mes, con ataques que alcanzaron más de 2,000 kilómetros dentro del territorio ruso.
Los resultados son visibles. Más de la mitad de las regiones de Rusia han anunciado escasez de combustible o racionamiento. El 8 de julio, Rusia prohibió las exportaciones de gasolina, combustible para aviones y diésel. Moscú ahora importa gasolina de la India, una humillación para uno de los mayores productores de petróleo crudo del mundo.
Los datos de Bloomberg muestran que la utilización de las refinerías ha caído un 14% desde el inicio de 2026.
Las armas que lo hacen posible
La campaña de ataques profundos ya no depende de misiles occidentales con restricciones de permiso. Ucrania ha desarrollado sus propios sistemas:
- Peklo: Un híbrido misil-drone con un alcance de 700 kilómetros, operativo desde diciembre de 2024.
- Flamingo: Un misil de crucero con un alcance de aproximadamente 3,000 kilómetros, operativo desde agosto de 2025. Recientemente atacó la refinería de Omsk, a 2,400 kilómetros (1,500 millas) de la línea del frente.
- Hornet: Un dron de ataque unidireccional asistido por IA desarrollado con una startup estadounidense respaldada por el exdirector ejecutivo de Google, Eric Schmidt. Está diseñado para evadir la interferencia rusa.
Ucrania también está cerca de desplegar sus propios misiles balísticos, que llevarían más poder explosivo que los drones y misiles de crucero actualmente en uso.
Estos sistemas operan sin restricciones. Ucrania no necesita el permiso de Washington para atacar objetivos dentro de Rusia. Construye las armas, las apunta y las dispara.
La campaña de Crimea
Ucrania está aplicando el mismo modelo que utilizó contra la Flota Rusa del Mar Negro, la “derrota funcional” en lugar de la destrucción total. La flota no fue hundida en su totalidad, pero fue incapacitada para operar efectivamente. Rusia retiró la mayoría de sus barcos de Sebastopol.
La campaña de Crimea sigue la misma lógica. Ucrania está utilizando drones navales y drones Hornet para cortar las líneas de suministro a la península. Las fuerzas rusas se retiraron del cordón de Kinburn a finales de junio después de que Ucrania destruyera los enlaces de suministro. La escasez de combustible ha elevado los precios en Crimea a 130-150 rublos por litro, aproximadamente el doble de los precios de Moscú.
Los comandantes ucranianos dicen que su objetivo es cortar las líneas de suministro rusas a Crimea para finales del verano de 2026. Describen esto como una “gran humillación para Putin”.
Los desafíos
La estrategia tiene límites. Rusia todavía tiene vastos recursos, un gran inventario de misiles balísticos y la capacidad de movilizar a cientos de miles de soldados más. La campaña de ataques profundos necesita degradar la capacidad de guerra de Rusia más rápido de lo que Rusia puede adaptarse.
Un paralelo histórico es instructivo. El Modern War Institute de West Point compara la campaña de Ucrania con los bombardeos estratégicos aliados en la Segunda Guerra Mundial. Los bombardeos tempranos de los campos petrolíferos rumanos tuvieron un efecto limitado. Fue solo al final de la guerra, cuando los Aliados también apuntaron a la movilidad, carreteras, puentes, ferrocarriles, que Alemania no pudo ni producir ni mover poder de combate. Ucrania probablemente necesita una convergencia similar.
Los riesgos políticos son reales. Los avances populistas de derecha en Francia y Alemania podrían reducir el apoyo europeo. Estados Unidos, bajo Trump, ya ha detenido las donaciones militares directas. Los aliados europeos prometieron 70 mil millones de euros en la reciente cumbre de la OTAN, pero gran parte de eso reempaqueta compromisos existentes.
Y luego está la cuestión del tiempo. El artículo de Foreign Policy que reveló la historia de la teoría de la victoria de Ucrania señala que, como las campañas de bombardeo estratégico de la Segunda Guerra Mundial, los efectos pueden tardar años en paralizar completamente a Rusia. Si Ucrania tiene años, o si la paciencia europea y estadounidense se mantiene tanto tiempo, es la pregunta abierta.
Por ahora, Ucrania tiene un plan. Tiene las armas para ejecutarlo. Ha demostrado que puede alcanzar objetivos a 2,000 kilómetros dentro de Rusia. La estrategia ya no es teórica. Se está probando en tiempo real, ataque tras ataque, refinería tras refinería.
Traducido por Alessandra

