
La misma campaña ucraniana de drones que está desactivando las refinerías de Rusia y creando colas de combustible desde Moscú hasta Crimea también está reescribiendo las suposiciones de Washington sobre quién está ganando la guerra. Estos dos desarrollos no están separados. Son causa y efecto.
5 de julio de 2026.
La guerra en Ucrania ha entrado en una nueva fase, y el cambio se mide tanto en las evaluaciones militares como en los indicadores económicos. El exsubsecretario de Estado de Estados Unidos Daniel Fried, en declaraciones al Kyiv Post a finales de junio, ofreció una valoración contundente que está ganando terreno en las capitales occidentales. «Rusia ya no está ganando», dijo Fried. «Está empezando a perder».
La evaluación marca un giro dramático respecto a la sabiduría convencional que dominó Washington durante los primeros tres años de la guerra. En 2022, el consenso dentro de la administración Biden y la comunidad de inteligencia estadounidense era que Ucrania «lucharía con mucha valentía y perdería muy rápido». Cuando eso no se materializó, la narrativa cambió a un escenario de sangría lenta: Ucrania «lucharía con mucha valentía y perdería lentamente», una visión que Fried dice que fue impulsada fuertemente por las principales publicaciones estadounidenses de la época.
Hoy, esas suposiciones se han derrumbado. La creciente campaña de drones de largo alcance de Ucrania ha cambiado la lógica militar y política del conflicto. Los drones y misiles ucranianos ahora alcanzan objetivos a cientos de kilómetros dentro del territorio ruso, golpeando refinerías de petróleo, depósitos de combustible, estaciones de bombeo e instalaciones de producción militar con una frecuencia que las defensas aéreas rusas no han podido detener. Incluso las pesadas defensas en capas alrededor de Moscú resultaron porosas: a principios de junio de 2026, drones ucranianos atacaron la refinería de Kapotnya en el borde sureste de la capital, enviando una columna de humo negro grasiento sobre la ciudad y demostrando que ningún lugar en Rusia está a salvo.
El impacto militar es claro. El Ministerio de Defensa del Reino Unido evaluó en mayo de 2026 que el impulso operativo se ha desplazado hacia Ucrania. Fried señaló este cambio en un argumento estratégico más amplio. Recordó que el presidente Donald Trump le dijo al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky a principios de 2025 que Kyiv «no tenía cartas». «Ahora está cada vez más claro que Ucrania tiene muchas cartas», dijo Fried. «Trump ama a los ganadores. Ucrania está ganando».
Pero el efecto más trascendental de la capacidad de ataque profundo de Ucrania podría ser económico. La misma campaña de drones que está avergonzando militarmente al Kremlin está desmantelando sistemáticamente la producción nacional de combustible de Rusia, creando la peor crisis energética que el país ha enfrentado desde la década de 1990.
Las cifras son contundentes. Desde agosto de 2025, Ucrania ha atacado la infraestructura petrolera rusa con intensidad creciente. Entre enero y mayo de 2026, las refinerías rusas fueron atacadas 38 veces por drones y misiles. Mayo estableció un récord con 16 instalaciones alcanzadas en un solo mes. A mediados de 2026, aproximadamente el 35 % de la capacidad de refinación de Rusia había sido desconectada, incluidas ocho de las diez refinerías más grandes del país. Más de 70 grandes tanques de almacenamiento han sido dañados o destruidos. La producción de combustible ha caído a su nivel más bajo en 21 años.
El resultado es una crisis de combustible que ahora afecta a los rusos comunes de maneras que la guerra no había hecho antes. Según Politico, dos tercios de las regiones de Rusia reportan problemas de suministro de combustible. Se ha introducido el racionamiento de combustible en al menos 25 regiones, incluidas Moscú y San Petersburgo. En Crimea, las autoridades instaladas por Moscú declararon el estado de emergencia en junio de 2026 y prohibieron la venta de combustible por completo. Largas filas de automóviles serpentean junto a las gasolineras en todo el país. Videos en redes sociales muestran a conductores maldiciendo ante bombas vacías. El alcalde de Irkutsk ordenó la instalación de baños portátiles para quienes esperan en la fila.
El presidente Vladimir Putin se ha visto obligado a reconocer la crisis públicamente. A finales de junio, sostuvo una reunión de alto nivel con el vice primer ministro Alexander Novak y los directores de Rosneft, Lukoil, Gazprom Neft, Surgutneftegaz y Transneft. «Los problemas para los propietarios de automóviles y las empresas persisten», admitió Putin. «Desafortunadamente, todavía hay filas en las gasolineras, y algunas marcas de combustible de alta demanda pueden ser difíciles de encontrar». Insistió en que la escasez no era «crítica» y era «temporal», pero las acciones del Kremlin cuentan una historia diferente.
Rusia, uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo, ahora negocia importar gasolina del extranjero por primera vez desde la década de 1990. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, confirmó el 30 de junio que se están «manteniendo activamente» conversaciones con varios países, aunque se negó a nombrarlos. Reuters informó que Rusia está discutiendo la compra de aproximadamente 50.000 toneladas métricas de gasolina de grado AI-92 de Kazajistán. El vice primer ministro Novak ha descrito las importaciones como una de las herramientas clave del gobierno para estabilizar el mercado. La Duma ha aprobado enmiendas al código tributario que crean subsidios para facilitar las compras de gasolina en el extranjero.
El gobierno también ha prohibido las exportaciones de gasolina y combustible para aviones y ahora considera una prohibición total de las exportaciones de diésel. Se ha establecido un centro de situación 24/7 para monitorear el suministro de combustible. Ninguna de estas medidas ha resuelto el problema subyacente: Ucrania sigue golpeando las refinerías, y Rusia no puede repararlas más rápido de lo que son destruidas.
Esto plantea la pregunta: ¿la presión económica empujará al Kremlin hacia conversaciones de paz con Kyiv? La respuesta, al menos por ahora, parece ser no. Fried, quien se desempeñó como subsecretario de Estado para Asuntos Europeos y Euroasiáticos y como embajador de Estados Unidos en Polonia, argumentó que el principal obstáculo es el propio Putin. El presidente ruso todavía cree que puede lograr una victoria total y no ha mostrado interés en negociaciones significativas. «La posición maximalista de Putin sigue siendo el problema central», dijo Fried. El Kremlin ha exigido constantemente la capitulación ucraniana como condición previa para las conversaciones, una posición que Kyiv no aceptará.
Pero el cálculo puede estar cambiando de maneras que podrían eventualmente forzar una reevaluación dentro del Kremlin. La crisis de combustible no es un evento aislado. Se suma a un conjunto más amplio de presiones: un creciente déficit presupuestario que superó todo el plan anual en el primer trimestre de 2026, el aumento de la inflación, la escasez de mano de obra impulsada por la movilización militar y el peso acumulado de las sanciones occidentales. La Agencia Internacional de Energía informó que los ingresos petroleros de Rusia han caído a uno de los niveles más bajos desde que comenzó la guerra en 2022. El analista energético Craig Kennedy ha descrito la situación como «la peor crisis en el sector energético ruso desde la década de 1990».
Sergey Vakulenko, investigador principal del Carnegie Russia Eurasia Center, escribió después del ataque a Kapotnya que el golpe «demostró que ni siquiera las pesadas defensas aéreas alrededor de Moscú pueden impedir que los drones atraviesen». Esa vulnerabilidad tiene implicaciones estratégicas más allá de la escasez inmediata de combustible. Si Ucrania puede golpear las refinerías de Moscú a voluntad, también puede atacar otras infraestructuras críticas. La logística de abastecer a las fuerzas rusas en la Ucrania ocupada se complica cada semana.
El ministro de Defensa de Ucrania ha descrito la campaña como un «bloqueo logístico» para las fuerzas rusas. El presidente Zelensky lo ha enmarcado en términos aún más amplios. «Cada una de nuestras sanciones de largo alcance significa menos recursos para la máquina de guerra rusa», dijo después de los recientes ataques, «y un paso más hacia la paz».
Si esa paz llega a través de la negociación o la continua desgaste depende de si el Kremlin puede ser convencido de que los costos de continuar la guerra superan cualquier ganancia posible. La crisis de combustible crea esa presión. La pregunta es si Putin la sentirá antes de que la campaña de ataques profundos de Ucrania cause más daño del que la economía rusa puede absorber.
Traducido por Alessandra

