
El estrecho de Ormuz es el punto de estrangulamiento petrolero más importante del mundo, e Irán sigue teniendo las llaves. A pesar de meses de presión militar estadounidense y de negociaciones que han producido un acuerdo de alto el fuego preliminar, Teherán no ha renunciado a su pieza de presión más valiosa: la capacidad de controlar quién atraviesa la angosta vía fluvial y a qué costo.
El Parlamento iraní ha avanzado hacia la formalización de un sistema de peaje de tránsito para los buques que cruzan el estrecho. La tarifa propuesta, de aproximadamente 2 millones de dólares por embarcación, se aplicaría al transporte comercial que pase por aguas bajo control iraní. Los buques estadounidenses e israelíes permanecerían excluidos. El peaje aún no está en pleno vigor, pero Irán ha demostrado que puede aplicar el sistema de forma selectiva, escoltando a petroleros indios por rutas preaprobadas mientras niega el paso a otros.
Las cifras detrás del peaje son llamativas. Antes de la guerra, unos 138 buques cruzaban Ormuz cada día, transportando unos 20 millones de barriles de petróleo, aproximadamente el 20 por ciento del suministro mundial. Un periódico iraní calculó que un peaje del 10 por ciento podría generar 73 000 millones de dólares al año. La cifra es ambiciosa, pero revela la magnitud de la ambición de Teherán.
Para los transportistas comerciales, el peaje no es tan absurdo como parece. El seguro de riesgo de guerra para un solo Very Large Crude Carrier se había disparado a unos 5 millones de dólares por travesía durante el apogeo del conflicto. Las tarifas de fletamento se cuadruplicaron. El costo adicional total por viaje, incluyendo seguro, primas de fletamento y cambios de ruta, alcanzó los 4 a 6 millones de dólares. En ese contexto, 2 millones de dólares por un paso seguro garantizado empieza a parecer una ganga, un precio por la certeza en un entorno donde la alternativa suele ser no tener paso alguno.
El peaje es también una carta de negociación. Las exigencias declaradas de Irán para un alto el fuego permanente incluyen el levantamiento de todas las sanciones económicas, la obtención de garantías jurídicas internacionales y el establecimiento de un nuevo régimen legal para el estrecho. El peaje le da a Teherán algo concreto para intercambiar a cambio de concesiones en el alivio de sanciones.
Las opciones de desvío son limitadas. Arabia Saudí tiene un oleoducto desde sus yacimientos petrolíferos orientales hasta el puerto de Yanbu en el mar Rojo, capaz de manejar hasta 7 millones de barriles diarios. Los EAU tienen un oleoducto similar hasta Fuyaira. Juntos cubren aproximadamente 8 a 9 millones de barriles. El déficit, de aproximadamente 14 millones de barriles diarios, no tiene ruta alternativa. Irak, Kuwait, Catar y Baréin no tienen infraestructura de desvío alguna.
Esa dependencia es la razón por la que los Estados del Golfo han reaccionado con tanta hostilidad a los movimientos de Irán. Cada barril que atraviesa Ormuz bajo los términos del peaje iraní es un barril que reconoce el control de Teherán sobre los flujos energéticos regionales. Para Arabia Saudí y los EAU, que han pasado décadas construyendo alternativas, el peaje representa un desafío directo a su propia influencia sobre los mercados petroleros.
La India ha sido un beneficiario notable del paso selectivo iraní. Varios transportistas indios de GLP han sido escoltados a través del estrecho por la Armada iraní tras recibir rutas preaprobadas. La Armada iraní mantuvo contacto por radio, verificó la bandera del buque, la nacionalidad de la tripulación y el destino, y luego lo guió a través de aguas iraníes. La India también ha dado refugio a las tripulaciones de buques de guerra iraníes varados, un gesto de buena voluntad que sugiere que Nueva Delhi se está posicionando como intermediaria de confianza.
La cuestión del peaje sigue sin resolverse en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Washington quiere que Ormuz se reabra por completo bajo el derecho marítimo internacional, sin tasas ni supervisión iraní. Teherán quiere que su control sea reconocido y compensado. Hasta que esa brecha se cierre, el estrecho sigue siendo una fuente de presión para Irán y una fuente de incertidumbre para todos los demás.
Traducido por Alessandra

