Los dos relojes de la guerra con Irán: el calendario de Trump y la paciencia de Teherán

El jueves, en el Despacho Oval, Trump dijo a los periodistas que la guerra con Irán está casi terminada, que tiene que acabar muy pronto y que los iraníes no pueden aguantar mucho más. Sobre las conversaciones de Ormuz se mostró igual de seguro, afirmando que participaba en las negociaciones, que las conversaciones iban bien y que un acuerdo podría llegar pronto. La guerra lleva más de cinco meses, y estas son las palabras de un hombre que dice variaciones de lo mismo desde abril.

Las conversaciones, tal como existen en realidad, avanzan a otro ritmo. El canal pasa por Omán, y Teherán insiste en que las reuniones allí tienen un propósito limitado: mantener abierto un paso para la navegación, y nada más. Los informes sugieren que el Parlamento de Irán estudia incluso una legislación que mantendría a los barcos estadounidenses e israelíes fuera de la vía navegable. Trump describe la apertura de los estrechos como la primera fase, a la que seguiría la desnuclearización. Irán describe las mismas conversaciones como un asunto técnico sobre la navegación. La distancia entre esas dos descripciones es el estado de las negociaciones.

El patrón es la historia. A principios de abril, las dos partes acordaron un alto el fuego de dos semanas, anunciado apenas dos horas antes de que expirara un ultimátum de Trump a Teherán. En mayo, Trump dijo que estaba conteniendo una gran operación, asegurando que las negociaciones se habían vuelto serias. En junio amenazó con golpear a Irán con mucha dureza y apoderarse de su terminal energética de la isla de Jarg, y después canceló los ataques en otra publicación en las redes sociales, tras afirmar que las conversaciones de paz habían avanzado. En agosto calificó las conversaciones recién planificadas como la última oportunidad de Irán para llegar a un acuerdo, y dijo que había desechado los planes de la mayor operación estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial después de que los líderes del Golfo, incluido el príncipe heredero de Arabia Saudita, pidieran moderación. El memorando de 14 puntos firmado en junio, destinado a detener las hostilidades, se ha derrumbado desde entonces. Cada ciclo termina donde empezó el anterior: una amenaza, una retirada, una fecha límite, una afirmación de que un acuerdo está cerca.

Irán interpreta el ciclo como debilidad, y lo dice. El presidente del Parlamento iraní y negociador principal, Mohammad Bagher Ghalibaf, descartó en las redes sociales el enfoque de Washington como diplomacia teatral en bucle, y acusó a Estados Unidos de utilizar la intimidación, las promesas incumplidas y las noticias falsas como palanca. El ministro de Defensa en funciones de Irán dijo que las señales de que el poder del enemigo se desvanece son cada día más evidentes, y que las fuerzas armadas iraníes tienen todo lo necesario para responder a cualquier amenaza. Ese es el argumento iraní en una línea: Estados Unidos es el bando al que se le acaba el tiempo.

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Hay un reloj del lado estadounidense que respalda esa afirmación. Aproximadamente dos tercios de los adultos de Estados Unidos consideran que la guerra con Irán no vale la pena, según una encuesta de AP-NORC, y faltan tres meses para las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Los legisladores republicanos se resisten a una solicitud de gasto del Pentágono de 1,5 billones de dólares mientras un proyecto de ley de defensa está estancado en el Congreso, y el costo de la guerra en municiones ha agotado los interceptores a un ritmo que la base industrial no puede igualar. El propio cronograma de Trump, según el cual la guerra no puede durar mucho más, es una afirmación sobre su calendario, no sobre el de Irán.

La duración de la guerra se mide ahora en dos tipos de tiempo: el tiempo político en Washington y el tiempo estratégico en Teherán. Ambos favorecen al bando que puede esperar. La apuesta de Irán es que los plazos del presidente estadounidense son teatrales y que su paciencia es real pero finita. La apuesta de Trump es que presión más una fecha límite equivale a una firma. A los cinco meses, los plazos han completado sus ciclos y la firma no ha llegado. La guerra puede terminar de hecho muy pronto, como dice Trump. La cuestión es si terminará con un documento o con un calendario, y si pronto acaba significando la versión de Trump o la de Irán.

Traducido por Alessandra

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