Un visado revocado, una disputa de papel: Washington y Brasilia intercambian golpes por Lula

Estados Unidos ha cancelado el visado del embajador de Brasil, la medida más dura hasta ahora en una disputa entre Washington y Brasilia que se reduce a una sola cosa: las elecciones de Brasil en octubre.

El Departamento de Estado revocó el martes el visado diplomático de Maria Luiza Ribeiro Viotti, embajadora de Brasil en Washington. La medida tiene límites precisos. Viotti no ha sido expulsada. Nadie la ha declarado persona non grata. Puede permanecer en el país, pero salir significaría tener que pasar de nuevo por el proceso de visado para volver a entrar. La medida es reversible, y funcionarios estadounidenses dicen que podría deshacerse rápidamente si Brasil hace lo que Washington pide.

Lo que Washington pide es la aprobación de su propio embajador. El presidente Trump nominó a Danny Perez, exprecidente de la Cámara de Representantes de Florida, para ser embajador en Brasilia el 1 de junio. Brasil no lo ha aprobado. Funcionarios estadounidenses dicen que Brasilia ha dado a entender que no actuará hasta que termine la primera vuelta, prevista para el 4 de octubre, y el puesto de embajador permanece vacante desde que Trump volvió a la presidencia en enero de 2025.

La revocación del visado es también una represalia. El mes pasado Brasil negó la entrada a dos funcionarios estadounidenses: Riley Barnes, que dirige la oficina del Departamento de Estado sobre democracia, derechos humanos y trabajo, y uno de sus principales ayudantes. Ambos tenían previsto visitar Brasilia a finales de julio. Washington dijo que la agenda cubría la confianza en las urnas, la libertad religiosa y la libertad de expresión. Brasilia dijo que la pareja planeaba sembrar dudas sobre la integridad de su sistema electoral, una injerencia inaceptable, y el Departamento de Estado calificó esa acusación de infundada.

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Funcionarios estadounidenses dicen que la revocación se retrasó varias veces para que Lula diera marcha atrás. No lo hizo. El gobierno de Brasil respondió con un comunicado en el que acusaba a Washington de violar el derecho internacional por nombrar a Perez antes de recabar su consentimiento en privado, como exige la Convención de Viena, y calificaba la decisión sobre el visado de política, dirigida a los comicios de octubre.

Ambas acusaciones de injerencia electoral están ahora sobre la mesa, en las dos direcciones, y el contexto hace difícil descartarlas como simple protocolo.

Lula, de ochenta años y en busca de un cuarto mandato, se enfrenta a Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, que fue condenado por un intento de golpe de Estado y cumple ahora una condena de 27 años bajo arresto domiciliario. Las simpatías de la administración Trump en esa contienda son bien conocidas. Los hijos de Bolsonaro visitaron Washington a finales de mayo y se reunieron con Trump. Semanas después, Washington clasificó a dos de los mayores grupos de narcotráfico de Brasil como organizaciones terroristas extranjeras, contra las objeciones de Lula, e impuso aranceles de hasta el 37,5 por ciento a las exportaciones brasileñas, alegando prácticas comerciales desleales y trabajo forzoso. Brasilia leyó cada movimiento como una presión sincronizada con la campaña electoral.

Lula ha evitado atacar a Trump personalmente, diciendo que los dos se llevaron bien cuando se encontraron en Naciones Unidas el pasado septiembre, y ha apuntado en cambio a Rubio. Brasilia calificó la revocación de parte de una campaña deliberada de medidas hostiles, de motivación ideológica. Un diplomático brasileño planteó con claridad la pregunta de fondo: ¿por qué Washington tiene prisa por colocar a su embajador a pocos meses de las elecciones? El gobierno de Brasil insiste en que lo ha intentado todo para reparar la relación.

El resultado es un pulso diplomático en el que los pequeños gestos cargan con el peso: un visado cancelado, una nominación congelada, una acusación de injerencia respondida con una contraacusación. La embajadora conserva su puesto en todo salvo en el papeleo, y el visado volverá si se aprueba a Perez, pero la aprobación es rehén de unas elecciones de las que ninguna de las dos capitales confía en que la otra mantenga las manos fuera. Las elecciones son el terreno donde juegan ambos bandos.

Fuentes

Traducido por Alessandra

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