
Una etapa descartada de un cohete SpaceX se estrelló contra la Luna el 5 de agosto tras 18 meses en una órbita inestable, dejando un nuevo cráter en la superficie lunar y una columna de polvo que los telescopios de la Tierra siguieron. El impacto nunca formó parte del plan de la misión, y es solo la segunda vez registrada en que un cohete abandonado golpea la Luna por su cuenta.
La etapa superior del Falcon 9 procedía de un lanzamiento de enero de 2025 que transportaba dos módulos de aterrizaje lunares comerciales, entre ellos el Blue Ghost de Firefly Aerospace, que más tarde se adjudicó el título de primer vehículo comercial en posarse en la Luna. El propulsor reutilizable regresó a la Tierra según lo previsto; la etapa superior, con el combustible agotado, carecía de la energía necesaria para regresar o escapar al espacio profundo. Permaneció en una caótica órbita Tierra-Luna hasta que la gravedad solar y lunar, el viento solar y otras fuerzas la pusieron en una trayectoria de colisión.
El impacto se produjo en la cara visible de la Luna, cerca del cráter Einstein, a unos 8.700 kilómetros por hora, unas siete veces más rápido que la velocidad del sonido en la Tierra. Se esperaba que la etapa, de unos 12 metros de longitud y unas 4.500 kilogramos de peso, excavara un cráter de entre 20 y 30 metros de diámetro; Benjamin Fernando, científico planetario del Laboratorio Nacional de Los Álamos, situó la cifra en unos 27 metros de ancho y cinco de profundidad. El impacto duró menos de un segundo, pero el material expulsado permaneció visible para los telescopios terrestres durante decenas de minutos, y la NASA indicó que las imágenes de los orbitadores podrían tardar días en llegar.
Para los astrónomos, el percance sirve además de experimento. La Luna recibe un incesante bombardeo de meteoroides naturales, normalmente sin previo aviso y con poca información sobre el proyectil. En este caso, los científicos conocían de antemano las dimensiones del objeto, su peso y el punto aproximado de impacto, lo que les permitió comparar las observaciones con las simulaciones informáticas de la formación de cráteres y del comportamiento del polvo lunar con una confianza inusual. Dos naves, el Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA y el orbitador surcoreano Danuri, recibieron el encargo de fotografiar el lugar antes y después del impacto.
La NASA restó importancia al impacto y lo describió como un hecho sin mayor trascendencia. La agencia señaló que la Luna recibe bombardeos constantes y que no tiene aire ni meteorología que amortigüen los golpes, y que dejar etapas superiores agotadas en la superficie es una práctica de eliminación aceptada, en algunos casos la única opción realista de fin de vida para las naves en órbita lunar baja, y una que muchos operadores eligen a propósito porque les ofrece un resultado predecible y rastreable.
En 2022, un segmento descartado de un cohete chino se estrelló contra la cara oculta de la Luna, dejando un par de cráteres, y no pudo observarse desde la Tierra. Eso convierte el impacto de esta semana en la segunda colisión accidental confirmada entre un cohete y la Luna y en la primera que los astrónomos pudieron ver directamente. Durante la era Apolo, las etapas de los cohetes se estrellaban deliberadamente contra la Luna para generar mediciones sísmicas.
El accidente también subraya lo escasa que es la coordinación para un lugar que está a punto de llenarse. Más de 50 años después de Apolo, las huellas de los astronautas siguen visibles y podrían durar milenios porque nada las borra. Un cráter nuevo es una adición permanente a ese paisaje. El Tratado del Espacio Exterior de 1967 prohíbe la soberanía nacional sobre la Luna y exige que se utilice en beneficio de todos, pero ofrece principios generales con casi ningún mecanismo práctico: la Oficina de Asuntos del Espacio Exterior de la ONU cuenta con unos 40 empleados, y el comité que se ocupa del derecho espacial se reúne solo unas pocas semanas al año.
Con Estados Unidos y China planeando ambos el regreso de astronautas y con empresas compitiendo por construir módulos de aterrizaje y bases lunares, los investigadores proponen el equivalente lunar de los avisos a los navegantes del mundo marítimo: alertas previas que cubran las zonas de alunizaje, las rutas de los róveres y las actividades que levantan polvo antes de que despeguen las misiones, además de un registro voluntario de la infraestructura lunar prevista y llamamientos a una cuarta conferencia de Naciones Unidas dedicada al espacio exterior. Jonathan McDowell, astrofísico jubilado, señaló que el impacto en sí es inofensivo, pero que, una vez que existan bases de larga duración, colisiones así importarían, y que nadie debería dejar etapas vagando en órbitas inestables como esta.
Traducido por Alessandra
Sources: An Abandoned SpaceX Rocket Crashed Into the Moon. Here’s What Happened (CNET, Aug 5, 2026); Why is SpaceX’s abandoned rocket crashing into the Moon? Scientists are watching closely (Firstpost, Aug 1, 2026); An abandoned SpaceX rocket is about to crash into the Moon. The real problem comes next (The Conversation, Jul 27, 2026); Piece of SpaceX rocket crashes into the Moon (Al Jazeera, Aug 5, 2026); Telescope detects debris plume after SpaceX rocket stage crashes into Moon (ABC News, Aug 6, 2026)

