
El jueves por la noche, el presidente Trump anunció que su Consejo de la Paz había alcanzado lo que calificó de acuerdo histórico para el desarme completo de Hamás y de todos los demás grupos armados de Gaza. La palabra «histórico» parece ser el único punto en el que coinciden las partes en conflicto.
La versión de Trump, publicada en Truth Social, es limpia y total. El desarme se llevará a cabo en fases cuidadosamente estructuradas. A medida que se complete, las fuerzas israelíes se retirarán y una Fuerza Internacional de Estabilización trabajará junto con una nueva fuerza policial palestina para mantener a Gaza a salvo para sus residentes y sus vecinos. Dio las gracias a los mediadores de Egipto, Catar y Turquía. El Consejo de la Paz, el órgano que Trump creó para gestionar su plan para Gaza, afirmó que Hamás había aceptado una hoja de ruta detallada y que pronto se publicaría una declaración oficial.
La versión de Hamás es condicional. Ghazi Hamad, miembro del equipo negociador del grupo, dijo a Reuters que Hamás entregará sus armas a la nueva administración de Gaza, pero que el acuerdo depende de la retirada israelí de la franja. Un alto cargo de Hamás dijo a la AFP que se había llegado a un acuerdo sobre la cuestión de las armas y sobre una retirada gradual de las fuerzas israelíes. Hamad describió la medida como concesiones hechas por el bien del pueblo de Gaza, para salvarle de la muerte y del desplazamiento. En el relato de Hamás, el desarme no es una rendición; es un paso en un intercambio por fases que incluye también el despliegue del Comité Nacional para la Administración de Gaza y las obras de reconstrucción.
La versión de Israel es el silencio, y lo que surge alrededor de ese silencio no es alentador. No hubo declaración oficial desde Jerusalén tras el anuncio. Una fuente política israelí dijo a la AFP que el acuerdo propuesto no responde de forma satisfactoria a las exigencias israelíes y que Israel exige el desarme completo de Hamás, incluida la retirada de las armas de Gaza y la plena desmilitarización de la franja, como condición previa para cualquier proceso. Un ministro de extrema derecha fue más lejos y afirmó que la única solución era fomentar la emigración y destruir a Hamás.
La brecha entre las tres versiones no es un detalle. Trump presenta el desarme como un hecho consumado. Hamás lo presenta como un intercambio. Israel lo presenta como algo que aún no se ha acordado en absoluto. Un acuerdo en el que una de las partes dice que la otra ha aceptado y la otra dice que no, no es un acuerdo; es un anuncio.
El contexto hace más visible la brecha. El alto el fuego se ha mantenido, más o menos, desde octubre, cuando Israel y Hamás acordaron la primera fase del plan de 20 puntos de Trump, una fase articulada en torno a un intercambio de prisioneros. La segunda fase siempre iba a ser la difícil: el desarme y la retirada israelí, las dos cuestiones por las que comenzó la guerra y en las que ambos bandos se lo han jugado todo. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas respaldó el marco del plan en noviembre. Sin embargo, la violencia no se ha detenido. Los ataques israelíes mataron al menos a cuatro personas en Gaza el jueves, entre ellas dos niños, según los responsables sanitarios. Se espera que El Cairo acoja pronto una reunión de los mediadores para debatir la aplicación de la segunda fase.
Desarmar mediante la negociación a un grupo armado que controla territorio es una de las cosas más difíciles de lograr en la guerra moderna. Se ha intentado en el Líbano, en Irlanda del Norte y en Colombia, siempre despacio, siempre con verificación y, por lo general, con una de las partes tratando de conservar sus armas hasta el último momento posible. Nada en el historial sugiere que pueda lograrse con un anuncio, desde una publicación en una red social, mientras la otra parte en el conflicto afirma que no ha aceptado nada.
El patrón resulta conocido. Grandes declaraciones en la cima, ninguna firma al pie y el terreno entre ambas sin cambios. Hamás dice que entregará sus armas cuando Israel se vaya. Israel dice que Hamás debe entregar sus armas antes de que ocurra cualquier otra cosa. Trump dice que todo está hecho. Cada una de estas afirmaciones es cierta para su autor, y las tres no pueden ser ciertas a la vez. Hasta que Israel diga que sí, el desarme completo es una consigna, no un plan, y la matanza continúa mientras se pule la consigna.
Traducido por Alessandra

