Burnham prometió un nuevo enfoque sobre Gaza. ¿Cumplió?

Cuando Andy Burnham sucedió a Keir Starmer como primer ministro el 20 de julio, heredó un Partido Laborista profundamente dividido por Gaza. Durante la campaña por el liderazgo, Burnham hizo algo que Starmer nunca hizo: se disculpó.

En una entrevista el 9 de julio, Burnham afirmó que el Partido Laborista no había actuado correctamente en el tema de Gaza. Dijo que Gran Bretaña había tardado demasiado en exigir un alto al fuego, propuso sanciones adicionales contra israelíes involucrados en violencia de colonos, y sugirió que el gobierno debería considerar prohibir el comercio de productos provenientes de asentamientos israelíes.

Una semana después de asumir el cargo, ¿ha cumplido?

Las primeras señales son mixtas. Burnham ha mantenido el compromiso de Gran Bretaña con la OTAN y el disuasivo nuclear, políticas centrales de Starmer que nunca cuestionó. En cuanto a Gaza, su primera semana estuvo dominada por una crisis internacional diferente: su primera reunión con un líder extranjero fue con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, quien visitó Londres para discutir la guerra con Rusia.

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Sobre el conflicto israelí-palestino, las acciones hasta ahora han sido mayormente retóricas. Los nombramientos de Burnham en el gabinete incluyen figuras que, en términos generales, comparten su visión de que Gran Bretaña debe adoptar una postura más firme respecto a los productos de asentamientos y las sanciones. Sin embargo, no se han anunciado cambios concretos en las políticas. El gobierno no ha presentado nueva legislación sobre sanciones, y la prohibición comercial de productos de asentamientos sigue siendo una propuesta, no una política.

El primer ministro enfrenta presiones contrapuestas. La Junta de Diputados y el Consejo de Liderazgo Judío recibieron con beneplácito sus compromisos contra el antisemitismo, pero expresaron su preocupación de que su postura no abordaba suficientemente a Hamás. Los grupos propalestinos, por su parte, lo critican por negarse a calificar de genocidio el bombardeo israelí sobre Gaza, una posición que, según él, corresponde a los tribunales internacionales decidir, no a los políticos.

El cálculo político es implacable. El Partido Laborista depende tanto de los votantes judíos preocupados por el antisemitismo como de una numerosa población musulmana indignada por la posición previa del partido sobre Gaza. El acto de equilibrio de Burnham, disculpa sin acciones y sanciones sin legislación, refleja a un gobierno que intenta mantener unidas a ambas bases mientras gestiona una docena de otras crisis.

La pregunta es si su disculpa por Gaza representó un cambio genuino en la política o fue una maniobra de campaña que será olvidada una vez que la agenda interna tome toda la prioridad. Burnham asumió el cargo prometiendo un nuevo modelo político centrado en descentralizar el poder, construir viviendas y eliminar el problema de las personas sin hogar. En esa agenda, Gaza es una distracción, no una prioridad.

The Guardian reportó esta semana que Burnham quiere mirar hacia adentro, pero que el mundo lo obliga constantemente a mirar hacia afuera. La prueba llegará cuando la pregunta ya no sea lo que dijo durante la contienda por el liderazgo, sino lo que su gobierno realmente haga.

Traducido por Alessandra

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