Exmiembro de la Inteligencia Marroquí Revela Hackeo Generalizado con Pegasus

Un exmiembro del servicio de inteligencia doméstica de Marruecos ha proporcionado un relato interno sin precedentes sobre cómo el país desplegó el programa espía Pegasus contra objetivos nacionales y extranjeros.

El escándalo de Pegasus suma un nuevo capítulo, y esta vez la fuente está dentro de la operación.

Un exmiembro de la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST) de Marruecos se ha presentado para revelar cómo el Estado norafricano utilizó software de hackeo, incluido el infame programa espía Pegasus desarrollado por la empresa israelí NSO Group, para vigilar a sus objetivos. El testimonio del denunciante ofrece la visión interna más detallada hasta la fecha de cómo un gobierno opera un programa de software espía a escala comercial.

The Guardian informa que el exempleado de inteligencia ayudó a proporcionar pruebas de que los servicios de seguridad interna de Marruecos desplegaron Pegasus desde al menos 2017 contra una variedad de objetivos, entre ellos políticos y periodistas extranjeros. Los blancos incluyeron figuras políticas francesas y españolas, entre ellas el presidente Emmanuel Macron, cuyo teléfono, según se reportó, aparecía en una lista de posibles objetivos.

Las revelaciones son significativas porque van más allá de la evidencia técnica que había surgido en investigaciones previas. Reportajes anteriores sobre Pegasus se basaron en análisis forense de teléfonos infectados, datos de redes y listas de objetivos filtradas. Esto es diferente: un ser humano que estuvo dentro del sistema describe cómo funcionaba, quién tomaba las decisiones sobre los objetivos y cómo se utilizaba la inteligencia.

Marruecos no es el único país que ha utilizado Pegasus de forma abusiva. El programa espía de NSO Group se ha encontrado en los teléfonos de periodistas, defensores de derechos humanos y figuras de la oposición en múltiples países, entre ellos México, India, Arabia Saudita y Hungría. Sin embargo, el caso marroquí es particularmente significativo por la estrecha relación de seguridad que el reino mantiene con las agencias de inteligencia occidentales. Marruecos es un aliado clave en materia de contraterrorismo y control migratorio, y su servicio de inteligencia ha sido considerado durante mucho tiempo un socio de confianza.

El relato del denunciante plantea preguntas incómodas para esa relación. Si Marruecos utilizaba Pegasus para espiar a políticos franceses y españoles, ¿qué implica eso para los acuerdos de intercambio de inteligencia que hicieron posibles tales capacidades? Y si los gobiernos occidentales lo sabían o debieron haberlo sabido, ¿qué hicieron al respecto?

NSO Group ha mantenido consistentemente que vende sus productos solo a clientes gubernamentales legítimos y que no puede controlar cómo los clientes utilizan el software después de la entrega. Las organizaciones de derechos humanos han argumentado desde hace tiempo que esta defensa es insuficiente, que NSO sabe o debería saber que su programa espía se utiliza para atacar a periodistas y figuras de la oposición.

El caso marroquí sugiere que el abuso no fue incidental sino sistemático. Según el denunciante, los servicios de inteligencia doméstica desplegaron Pegasus como una herramienta estándar de seguridad interna, dirigida no solo a figuras extranjeras sino también a ciudadanos y activistas marroquíes. La magnitud de la operación sugiere un nivel de autorización oficial que va mucho más allá de agentes renegados individuales.

Las revelaciones llegan en un momento de creciente preocupación internacional por el software espía comercial. El gobierno de Estados Unidos ha impuesto sanciones a NSO Group y ha incluido sus productos en listas negras. Varios países han abierto investigaciones sobre el uso de Pegasus. Pero el comercio de herramientas de hackeo continúa, y la lista de clientes gubernamentales sigue siendo en gran medida secreta.

Lo que ha hecho el denunciante marroquí es correr el telón en un rincón de ese mundo secreto. La cuestión es si los gobiernos que compran esta tecnología, y los gobiernos que se la venden, enfrentarán consecuencias.

Traducido por Alessandra

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