
Los bosques tropicales de Sudamérica dejaron de absorber dióxido de carbono durante el Niño 2015-2016, según un estudio emblemático publicado en Nature Climate Change, y con un fuerte Niño ya en marcha en 2026 que parte de océanos y temperaturas del aire récord, los científicos advierten que este año podría desencadenar pérdidas a una escala sin precedentes.
El estudio, liderado por la Dra. Amy C. Bennett de la Universidad de Leeds y con más de 100 coautores de las redes de investigación RAINFOR y PPBio, analizó más de 500.000 árboles en 123 parcelas distribuidas en seis países sudamericanos a lo largo de tres décadas. Ofrece la imagen más detallada hasta la fecha de cómo una anomalía climática extrema afecta al bosque tropical más grande del mundo.
Las cifras
Antes del Niño 2015-2016, las parcelas forestales eran un sumidero neto de carbono, acumulando un promedio de 0,38 toneladas métricas de carbono por hectárea al año. Durante el Niño, ese balance cayó a prácticamente cero, 0,02 toneladas por hectárea al año, estadísticamente indistinguible de una línea plana.
El cambio fue impulsado enteramente por la mortalidad. Las ganancias de carbono por crecimiento y reclutamiento de árboles se mantuvieron estables en aproximadamente 2,4 toneladas por hectárea al año. Pero las pérdidas de carbono por muerte aumentaron de 1,96 a 2,41 toneladas por hectárea al año, un incremento del 23 %. La tasa de mortalidad anual de todos los tallos pasó del 1,8 % al 3,1 %, un aumento del 72 %.
Los árboles grandes fueron los más afectados. Los árboles con diámetros de tronco de 200 a 399 mm vieron más que duplicada su tasa de mortalidad, del 1,5 % al 3,2 % anual. Los árboles de 400 mm o más casi duplicaron su mortalidad, del 1,4 % al 2,7 % anual. Los árboles con madera menos densa, más vulnerables a la falla hidráulica, murieron a tasas significativamente más altas.
El mecanismo: falla hidráulica
Los datos sugieren que los árboles no murieron lentamente de hambre. Las tasas de crecimiento no disminuyeron durante el Niño, los árboles seguían fotosintetizando. Lo que los mató fue la falla hidráulica: la intensa demanda de humedad atmosférica rompió la columna de agua interna mediante cavitación del xilema, el mismo proceso que provoca un chasquido silencioso en un sorbete cuando la succión es demasiado fuerte.
Los bosques más secos en los bordes de la cuenca amazónica fueron los más vulnerables. Cada aumento de 0,5 °C de temperatura se asoció con una pérdida del 0,5 % del carbono aéreo en estos bosques de borde. Cada déficit hídrico adicional de 100 mm se asoció con aproximadamente un 0,8 % de pérdida de carbono aéreo.
El Amazonas almacena aproximadamente 123 mil millones de toneladas de carbono, más que cualquier otro ecosistema terrestre del planeta. Una pérdida sostenida de su función como sumidero de carbono tendría profundas implicaciones para los objetivos climáticos globales.
Por qué 2026 es diferente
El estudio se publicó en septiembre de 2023, pero sus hallazgos han cobrado nueva urgencia a medida que el Niño actual se intensifica. Varios factores hacen que 2026 sea un año particularmente peligroso para los bosques tropicales.
Los Niños muy fuertes han duplicado su frecuencia en los últimos 60 años en comparación con los 60 años anteriores. El Niño actual ya fue confirmado por la NOAA, y los científicos señalan que nunca antes un Niño había comenzado con océanos tan cálidos y temperaturas del aire tan altas. Los bordes del Amazonas, precisamente los bosques más vulnerables a la falla hidráulica, han experimentado algunas de las temperaturas más altas y el calentamiento más rápido que los trópicos hayan visto en las últimas tres décadas.
Agravando el riesgo, estos bosques no se han recuperado completamente de la reciente sequía plurianual antes de la llegada de este nuevo Niño. La combinación de calor récord, estrés hídrico y bosques no recuperados plantea la posibilidad de pérdidas de carbono a una escala aún no observada.
El artículo de The Conversation que acompaña la republicación del estudio señala que los bosques tropicales corren el riesgo de perder permanentemente su función como sumideros de carbono si las condiciones climáticas extremas se convierten en la norma, un escenario que las trayectorias actuales de emisiones hacen cada vez más plausible.
Traducido por Alessandra
Fuentes
[1] Bennett, A.C., et al. “Sensitivity of South American tropical forests to an extreme climate anomaly.” Nature Climate Change, Vol. 13, pp. 967-974 (2023). DOI: 10.1038/s41558-023-01776-4
[2] Live Science. “Tropical forests stop absorbing carbon dioxide during El Niño events. This year could be the worst.” July 11, 2026. https://www.livescience.com/planet-earth/climate-change/tropical-forests-stop-absorbing-carbon-dioxide-during-el-nino-events-this-year-could-be-the-worst
[3] Bennett, A.C. “Tropical forests can stop acting as carbon sinks during El Niño, says research.” The Conversation, July 10, 2026. https://theconversation.com/tropical-forests-can-stop-acting-as-carbon-sinks-during-el-nino-says-research-212910

